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viernes, 26 de diciembre de 2014

¡ LA DAMA GRIS!!!



La mañana amaneció una vez más lagrimosa. La dama gris (La Niebla) había extendido sus tentáculos y se había apoderado de toda la campiña. Su halo grisáceo  le impedía  mostrar su limpio amanecer. La gran hechicera blanquecina, hacía días que se mostraba desvergonzada por toda la campiña. Vestida con su inmensa y vaporosa túnica trasparente, dejaba ver su desnudez envolviendo a cuantos la miraban. La dama vespertina, se exhibía  como una Diosa griega. Aunque en sus ojos se reflejaba un leve rastro de tristeza, (la mayoría la repudiaban) por su aliento pegajoso y su espesa capa.
Sus sutiles alas flotantes acariciaban  a una mañana que, de mal humor se dejaba besar por los labios gélidos de la gran dama. La gran Dama albina suspiraba melancólica, mientras su gentil cuerpo  comenzaba una danza magistral, haciendo que la visibilidad fuera prácticamente nula.  Sus poros no dejaban de destilar diminutas briznas plateadas qué, como ninfas luminosas corrían risueñas a abrazar y a pintar todo el paisaje de un gris perlado. Ante tanta destreza, la madre Naturaleza  no dudó en caer rendida a sus pies, completamente fascinada. Los cuantiosos cabellos de la gran dama se esparcían revueltos. Sigilosos marcaban su territorio como una serpiente traicionera. La gran hechicera gris, miro al cielo con recelo, sabía de antemano que el rey sol no se conformaría con asomar la cabeza. El, siempre reclamaba su lugar.  En el mano a mano éste, siempre le ganaba la batalla. Esta vez, la gran dama triste, antes que el crepúsculo apareciese había dado órdenes estrictas a su ejército de ninfas, para  que se expandieran e impidieran que el gran astro la cogiera por sorpresa. Satisfecha comenzó a bailar como poseída. Saltó por entre los árboles, los matorrales, arrastró su gran mata de pelo por la hierba y se mezcló en las calles, para dejar su huella misteriosa, como toque personal de su maestría.     



¡ NAVIDAD...DE ALGODÓN!!

He aprendido  a vivir  la Navidad, desde la  mirada del alma…a ver más allá de una silla vacía… a aguantar la mirada de la ausencia…a sonreír sin esfuerzo… a retener a las lágrimas...hacer las paces con los recuerdos… a sentir  el cariño de los que me rodean… a  mirar a la ilusión en los ojos de un niño y…  la alegría  y el amor en mis tres reyes Magos...porque para mí, todos los días son  Navidad…por ello, quiero que sean felices siempre… no solo en Navidad…porque  para mí…ellos son mi autentica Navidad…    


¡¡ CUANDO ME VAYA... SOLO ENTONCES!!!



Cuando mi vida haya traspasado el valle,
De las primaveras marchitas,
En ese preciso instante…
Los otoños dejaran de sangrar  hojas muertas…
 
Cuando mis manos estén desgastada,
De  tanto acariciar tu ausencia,
Entonces…
Escucharás silbar al viento poesías…

Cuando el recuerdo se convierta en presencia,
Y las sombras sean lanzadas   al abismo…
En ese intervalo…
Las golondrinas volverán anidar en tu balcón.  

Entonces…
Quita las viejas zapatillas,
Que duermen sobre el suelo quieto.
Airea el camisón azul, surtidor de sueños, 
Saca del baúl el vestido de los domingos…
Y lánzalos a brazos de una puesta de sol.

Entonces… solo entonces…
El verano repartirá  sonrisas sobre los trigales 
Los inviernos dejaran de llorar lágrimas vacías,
Los otoños dejaran de vestirse de melancolías,
Y las primaveras explotaran jubilosa de flores,

Entonces… sólo entonces… recuérdeme. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¡¡ EL INVIERNO NAVIDEÑO!!


Ésta vez había llegado impuntual, pero tan gélido como siempre.  Trayendo su aliento helado, su bilis seca… arañando almas solitarias. Arropado hasta los dientes, se pavoneaba altanero mostrando su poder.  Su gran capa ondeaba al viento, como señal de que él, era el dueño y señor de su estación.   Taciturno y desafiante miró a la mañana que, holgazana intentaba quitarse las legañas, debido seguramente a una mala noche pasada al raso. Las noches sin él gobernando, eran más cálidas y acogedoras.  Con él, las tiriteras eran frecuentes e incluso las estrellas perdían fuerzas.  Al señor Invierno, le gustaba  mostrar todo su poder e implantar su ley. El frío, la escarcha, la nieve, la lluvia, las heladas y los charcos, eran  sus esbirros… más predilectos. Durante su cese se pasaba los días enteros dormitando y muerto de aburrimiento en su habitáculo oscuro.  Cuando se hacía presente  sus interminables manos heladas y escuálidas, abarcaban cada palmo de su reino. Como soberano de su estación, dejaba su huella allá por donde pasaba. Le robaba horas al sol, para  regalárselas al negro crepúsculo. Imprevisible, le gustaba acortar el  día y hacer interminables las noches.  Su pasión favorita era dar órdenes sin cesar. Hacía rabiar al sol, que a regañadientes se tenía que ir a descansar más temprano de lo habitual. Cuando gobernaban  las otras estaciones, eran más generosas. Pero él, era el invierno y no pensaba desaprovechar su tiempo. Ahora… Él era el rey y tenían que acatar sus órdenes.  Él  sabía que no tenía el encanto de la primavera,  ni la pasión del verano o el glamour del otoño. Pero sabía, que solo él era poseedor  de la  más entrañable de las fiesta; La Navidad.  Era una fecha mágica. Durante esos días, hasta él se ponía sensiblero. Dejaba de dar órdenes y el cielo complacido dejaba caer finos copos de nieves que hacían las delicias de todos, en especial a los niños.  Por las noches las estrellas se vestían de gala para celebra la venida de la Navidad. Les reunía en torno al fuego y  junto al  crepitar de los leños, las historias surgían como por encanto. Las calles se vestían de luces y guirnaldas. La alegría y los villancicos armonizaban el ambiente y  la humanidad parecía calar en los corazones. El señor invierno anhelaba que  este año todo hubiera cambiado. Como gran espectador en estaciones anteriores, había observado como una gran mayoría de personas cerraba los ojos ante las miserias del mundo;  corazones rotos, personas bajo cartones, hombres y mujeres sin trabajo, niños sin chocolate ni pan… Personas que  dormían bajo las sábanas de la incertidumbre. Hombres y mujeres sin trabajo, sin ilusión ni esperanza, soñando despiertos con encontrar…un  mañana mejor.  Él todopoderoso invierno se enterneció y comenzó a llorar finos copos de nieve. Frenó a la gélida noche y templó un poco el corazón helado de la noche de Navidad… fijó su mirada en la estrella de David y pidió un deseo. Qué todo el  mundo tuvieran un hogar, un trabajo, un fuego donde calentarse, pan para comer y  mantas para arroparse…  Él también tenía corazón…   





martes, 25 de noviembre de 2014

¡ NIÑOS QUE NUNCA SERÁN NIÑOS!!


Piter seguía escarbando entre la basura bajo una luna apagada y un cielo estéril de estrellas. El día había estado escaso en prestarle ayuda y sus manos agrietadas no habían dado con el fruto esperado. Con el desánimo por bandera y arrastrando los pies como un viejo, se dirigió hasta aquel, que desde hacía tiempo era hogar. Empujo la puerta con sigilo para no despertar a los que la suerte se había puesto de su lado, regalándole un día fructuoso. El hedor a miseria lo recibió como de costumbre en forma de bofetada. El olor a sudor, a trabajo y a desamparo, le esperaban impacientes entrar por su olfato para darle la bienvenida. Por el suelo los camastros se extendían por la estancia, bajo la mirada severa de los desconchones repartidos por toda la pared. Algunos arrebujados entre mantas viejas y malolientes, daban grandes tiritones por el frio que destilaba aquel almacén nauseabundo, abandonado por la mano de Dios. Miró a su alrededor con el sentimiento de la indiferencia como su fiel compañero. Se dirigió a la gran caja de plástico, que hacía de alacena al lado de su camastro y depósito  el fruto escaso de  lo que sería su comida para el día siguiente; 8 clavos, 6 latas de aquella bebida que él nunca sabría su sabor, unos alambres oxidados y 22 cosas más, que no supo reconocer. La bufanda descolorida que se había encontrado no entraba en el lote. En cuanto sus ojos la divisaron se la ajusto a su cuello, como un tesoro. Ni siquiera el olor a moho había conseguido quitarle su alegría y de apreciar el cálido confort que le proporcionaba a su cuerpo.

Piter se enfundo en su desolación y se durmió soñando que podía volar y comer chocolate, y jugar al balón, y tener unos zapatos nuevos y…, desterrar aquel ruido incesante y crónico que desde hacía tanto tiempo aullaba sin cesar en sus tripas, pero sobre todo, se durmió añorando miles de deseos, en especial uno: vivir como un niño….Pues despierto siempre tuvo que vivir como un hombre…

¡MUJER ROMPE TUS CADENAS!!


Mujer que paseas en soledad, envuelta en la agonía,
Que navegas en un mar de ásperas  incertidumbres, 
Atrapada en un cielo sombrío que cubre tu infeliz vida,
En tu mirada, reposa el puño cruel de la muerte,
Y en tu paladar el sabor a sangre como  próxima virgen.

En tu lecho, solo habita el miedo bajo sábanas frías,
Olor a cobarde, a  bofetadas, a moratones...a  amo y señor,
En tu alma, ya no hay risas, solo lágrimas partidas,
Te abrazas al calor de la humillación y de un incierto mañana, 
Y buscas  en sueños, una playa de arena fina… más tranquila.

El hombre que amabas… ha envenenado tus madrugadas,
Ahora, eres sinfonía amarga en un cielo de palabras  malditas,
Inspiración trágica en una  noche de niebla tenebrosa,   
Rosa marchita, sobre un manto de hojas muertas,
Eres cuerpo malherido, corazón arrugado… que ya no siente la vida…

¡Mujer quítate el vestido del miedo! ¡Las gafas del disfraz!

¡Desata tus ataduras! ¡Rompe tus cadenas! ¡Vuela libre! ¡Vive!

sábado, 22 de noviembre de 2014

¡¡¡ MI SOMBRA!!!!


Caminaba bajo un sol conquistador. Éste, con todo su poderío trataba de esquivar, a algunas nubes que corría desaforadas por el cielo.  A medida que avanzaba, la sensación de que alguien me seguía comenzó hacerme cosquillas en el estómago. Miré a derecha e izquierda. Nada vi.  Al principio no le di  importancia. Al cabo de un rato, la sensación fue calándome con más fuerza. Cada vez estaba más convencida de que dos ojos me  vigilaban. Opte por aligerar el paso. Nada. Mi sensación no remitía, al contrario, estaba completamente segura que aquellos  dos ojos negros como la noche, me acechaban cada vez con más intensidad. Es más, creía haber visto una silueta por el rabillo del ojo. De pronto los olivos y las ramas, comenzaron una danza mortal, como  presagiándome un fatal destino reservado solo para mí.  Todo parecía formar parte de un ceremonial antes de sacrificar a su víctima. El miedo paralizó mis pies. Me volví dispuesta a enfrentarme, a mi destino, o quizás a mi mala suerte. 
 Casi me doy de bruces con ella. Ésta,  parecía imitar todos mis movimientos a la perfección, como si me conociera de toda la vida. La certeza de que me conocía me asusto.  Comencé una carrera desenfrenada, para así, poder sacarle  algo de ventaja. Corrí como alma que lleva el diablo. Sentía su respiración caliente pegada en mi nuca, como una sanguijuela que trataba de chuparme la sangre. Intente con todas mis fuerzas deshacerme de ella. Solo fue una ilusión. Era astuta como una vil zorra y cada vez que creía haberme deshecho de su persecución, ella  bailaba a mí alrededor como una veterana bailarina. Sentía su mirada sobre mis espaldas. Su risa  burlona parecía resonar en mis oídos, como una  sinfonía falseada. A punto de la extenuación, pare mi desenfrenada carrera. Mi corazón galopaba como un potro salvaje. Ella me imito. Su aliento agitado era una reproducción idéntica al mío.  Un nudo en la garganta  me impedía gritar. Las nubes se posaron cubriendo de sombras al sol. Entonces mi sensación comenzó a remitir. Me volví sigilosa sobre mi misma para comprobar, que todo había sido una mera fantasía.  Respire intensamente. Sentí que mis pulmones me lo agradecían, Aliviada, emprendí el regreso bañada en un sudor pegajoso.  Las nubes se encaminaban  hacia otros lugares donde seguir haciendo su deporte preferido; correr como locas. El sol volvió a sentarse en su trono. Y  de nuevo sentí tras de mí,  aquella misteriosa dama envolviéndome  de nuevo por completo. Al final caí rendida ante aquella incansable y extraña señora,  que discreta y solapadamente, siempre estaba a mi lado como una fiel novia enamorada… ella era…  Mí SOMBRA…






domingo, 16 de noviembre de 2014

EL DESEO DE SOÑAR


Noelia se fue a la cama tan pronto concluyó el crepúsculo. Una embriagadora emoción la mecía a flor de piel. Las sábanas acariciaron su cuerpo, los recuerdos adormecieron al alma. El cristal que separaba personaje de persona se había hecho añicos al retoque de los sueños.  Rayos de sol convertidos en frases, abrazos y palabras desprendieron  la capa de hielo que envolvía su corazón. La amargura huyó de sus labios para dar paso a una sonrisa amplia y generosa. Una corriente de gratitud fluyó por sus venas como un felino en celo tras la única hembra del lugar. Se durmió en brazos de Morfeo. La fantasía se coló hasta su cama y la acaricio hasta la llegada del amanecer. Esa noche la soledad fue desterrada por dos  duendes fantásticos y un  hada blanco como la nieve. Montados sobre la grupa de tres corceles blancos la invitaban a viajar junto a ellos. Viajó y viajó, hasta llegar al país, dónde los sueños se podían hacer realidad.     



lunes, 27 de octubre de 2014

"LA SIERRA CHIQUITA"

Era una hermosa tarde otoñal. A no ser por el manto de hojas que formaban una alfombra gigantesca e interminable se podía confundir con un día de primavera. La subida fue lenta y  fatigosa. El sol nos bañaba la espalda. Siempre la misma pregunta: ¿falta mucho? Siempre la misma respuesta; ya falta poco.
 El  otoño había llegado vigoroso y las veredas de antaño habían desaparecido por las abundantes lluvias descargadas por éste.  Los aguardos y alguna que otra pared  aún se mantenían en pie para dar fe, que la mano del hombre había estado en algún momento por aquel lugar que ahora después de tantos años, se había vuelto agresivo. Después de pelear contra matorrales, riscos, esparragueras, arañazos, caminar a gatas debajo de los chaparros y más de una caída, por fin llegamos a la ansiada cima.  Casi sin aliento nos sentamos sobre una roca que se alzaba altiva en medio de tanta vegetación. Nos quedamos embobados.
El paisaje y las vistas eran maravillosas. ¡Había merecido la pena!  La madre naturaleza se alzaba como una Diosa y su gran cabellera se extendía   grandiosa a derecha e izquierda y hasta donde nuestra vista podía alcanzar; desde allí, los pueblos con sus casas blancas eran como gladiadores luchando cada cual por sus costumbres y sus raíces.  Los rayos del sol besaban las aguas de los embalses y algún que otro castillo mostraban su fortaleza de siglos pasados. La  montaña rugía poderosa. Su gruñido parecía una advertencia por invadir su hábitat más angosto y salvaje.
Justo en las entrañas se podían ver los madroños ya vestidos con sus frutos y  flores a la vez, que pedían paso como un árbol anticipado de la Navidad.

La gran montaña nos arropo y  las sombras junto a una suave brisa  comenzaron a darnos el toque de despedida. Nuestra lucha había tenido su recompensa. Contentos de nuestra hazaña, nos dispusimos a compartir nuestro ya de siempre cafetito, esta vez con dulces. Que decir que la buena conversación fue la reina de la montaña.  La tarde languidecía melancólica  y el crepúsculo aullaba por llegar. Después de agradecer al otoño su galantería y respetar su ley, y enorgullecernos de nuestra “SIERRA CHIQUITA” bajar fue un impulso de vitalidad y alegría con la mente puesta en seguir descubriendo las miles de bellezas que nuestro pueblo nos puede ofrecer.  

jueves, 16 de octubre de 2014

¡¡¡ CARA O CRUZ!!!!




La vida en pareja es un gran puzle que  hay que ir componiendo  día a día…..Nadie cree que sea un camino de rosas… ni tan sencillo como deslizarse por un tobogán. Aunque también  es cierto, que todos deseamos caminar a sabiendas de que, a veces ese camino pueda transformarse en una gran autopista suicida.
La vida en pareja es una construcción permanente de; de miradas, de besos, de silencios elocuentes, de complicidad, de amaneceres eternos, de mágicas puestas de sol, de sábanas cálidas, de mantas apasionadas, de almohada con sabor a poesías, de palabras secretas, de risas, de helados, de vino,  de tostadas, de música, de sueños, de juegos…cada instante es una pieza, que regenera savia fresca a la relación.  Una savia que renueva y nos aporta la energía suficiente para luchar contra las adversidades, que encontramos en ese ancho camino en pareja. Es el néctar  que mana de las cosas que juntos compartimos. A veces, muy a pesar nuestro, ese camino se torna en una encrucijada. que nos pone al borde de un precipicio.  En toda relación hay goteras... éstas, se subsanan con las piezas del diálogo y el perdón.  Pero también puede llegar un aguacero glacial.

Cuando este llega, si el puzle no ésta bien encajado, las piezas fundamentales caen y se fragmentan. Es cuando ese camino se convierte en una autopista resbaladiza, llena de sinsabores y dolor. El desamor, es una posibilidad que siempre  va de la mano del todo poderoso señor AMOR.  Ante el miedo a perder ese horizonte, tan nuestro, tan deseado y tan amado, comenzamos a  deambular ciegos y sordos, bajo una lluvia torrencial, gélida y tóxica. Sumidos en el desconcierto, recurrimos a abrir el paraguas del “ya pasará” sin darnos cuenta que nuestros pies están encharcados, helados y cansados. Intentamos recomponer las piezas caídas, pero ya no encajan. Resistimos como Titanes, como gladiadores en la arena.  Pero el aguacero sigue cayendo inmisericorde, nos cala los huesos y nos empapa el alma. Nos sentimos débiles, incapaces de pensar, que tras de ese nubarrón, el sol volverá a brillar y  que sus rayos secaran nuestros pies mojados, nos acariciará el rostro y dará paso a  otra oportunidad, que nos espera generosa en algún recodo de ese camino ya seco, y despejado de nubes, para  descubrir  nuevos sueños, bajo ese cielo despejado de nubes negras. Sueños que esperan  sedientos y ávidos para caminar junto a nosotros, y volver a caminar con dirección…. A comenzar de nuevo…  

¡¡¡SUEÑOS LOCOS!!!!




Percibo mis de sueños  bucear  por entre el más absoluto de mis  silencios. Su aliento cálido y su abrumador coraje me  invitan a que venza el miedo en el que  los mantengo cautivos.   Las palabras pugnan por salir del  encierro a las que las tengo sometida. Siento mi respiración descompensada, aleteando al igual que una mariposa fustigada por una  corriente de aire contaminado. Lucha por sobrevivir.
Miro el reloj, aún es temprano.  En mi interior sé que sólo es una excusa para atrasar el momento de enfrentarme a ellos.  Sus voces me enloquecen. Todos quieren un puesto en aquella locura que vibra dentro de mí.
Sigo aturdida, sin saber dónde colocar a cada  personaje que gritan por salir a luz y salvarse de las tinieblas de mi parcela prohibidas, excepto   el viejo al que le hago un guiño. Su papel será corto.
 Hecho una ojeada a la mesa del escritorio, todo sigue igual que el día anterior. Los folios, el lápiz, un cenicero lleno de colillas y unas flores ya marchitas.  En mi cabeza los personajes esperan expectantes,  con los dedos cruzados y agazapados tras la puerta de mi indecisión y temiendo seguir presos en las sombras de mi cerebro.  Me  muerdo las uñas sin compasión, cómo quien está saboreando un rico manjar  debido a mis nervios.
  Los personajes están preparados,  yo diría que en pie de guerra, a la espera de poder ocupar  su lugar, en el hipotético  caso que decida darles una oportunidad,  ellos sólo quieren eso: una oportunidad.  Las palabras  parecen emergí, siento  las  ideas eufóricas y percibo cómo van formando un denso alfombrado de frases. En el aire  empiezan a  aparecer  hadas y duendes.
 Por fin noto a las ganas y la ilusión ganar terreno a mi  temido verdugo; el  maldito miedo.  Mi respiración se compensa. Dejo de morderme las pocas uñas que aún  me quedan.  Noto que el poder de mis sueños está renegando al temible miedo, ya casi esta fuera de combate.
  Subo las persianas. La luz termina de despejar por completo todos mis recelos. Miro la cara de satisfacción de las hadas. Un duendecillo muestra  una mueca de contrariedad,  algo celoso. Lo remedio enseguida dedicándole una tierna sonrisa.
Me siento en la silla. El paquete de folios palmotea relamiéndose  los labios. El bolígrafo taconea sobre la mesa. Pongo música, una de mis inspiraciones. Todo preparado.  Invoco a las musas. Abro la puerta de la mansión de mis sueños y voy colocando  a cada personaje en el lugar de su historia. Aquellos personajes que durante la noche se habían acurrucado a mi lado entre las sabanas, aquellos que lloraban desconsolados, ahora saltaban y bailaban  dentro de mi cabeza. Me siento, los coloco frente a mí y cómo en una partida de ajedrez les voy dando su puesto a cada uno.
Se mantienen silenciosos, esperando su papel, se conoce la historia al dedillo, ha sido testigos mudos de mi indecisión. Son fieles y acepta cada palabra impuesta, cada cambio imprevisible e incluso grotesco. Me  entrego a ellos en cuerpo y alma. Entonces se crecen y me murmuran  palabras, versos y alguna que otra estupidez. Oigo una voz potente que se abre paso  entre todos y  me grita  “sigue  soñando

lunes, 18 de agosto de 2014

¡¡TU HUELLA!!!


Te imagino descalzo e impoluto
con un pincel en las manos,
mirando al gran lienzo de la existencia,
ávido por  plasmar  sobre ella,
tu última obra de arte, tu último soplo de aliento.
Para dejar tú huella en el rostro de la vida,
como reflejo de tu alma desnuda.
Dos cuerpos entrelazados…
En una batalla intrépida…dos corazones  sedientos…

Y yo…aquí... expectante, anhelando
que tu pintura se haga realidad.




¡ AMOR FLORECIDO EN MI ALMA!!!




Amor  florecido en mi alma,  fervor de mi acuarela humana,
senda de luz donde  germina el sol, palabra tangible que grabó mi rumbo.
Cincel  afable que labró en  mi vida la imagen del auténtico amor,
Destello de luz que se coló en mi corazón para alumbrar mi universo.
 Compañero fiel de noches vagabundas, donde capturamos a cautivas  estrellas nómadas.
Muralla que protegió mi vida como poema dorado, como marinero en una tormenta.
Hoy te ofrezco  mi profunda admiración… por tu grandeza.
Te ofrezco mi rostro humedecido… por tu ausencia.
 Te confirmo mi cariño… te considero mi verdad.
Te manifiesto mi amor… te reclamo como mi patria.
 Porque vives en mi alma y en la plenitud de mi presente.
Quiero beber de la luz de tu alma que florece en los tranquilos jardines del más allá.
Ansío saborear tu cielo, subir a tu montaña  forjada de sueños.
Sentir los latidos de tu corazón, embriagarme de tu esencia.
Te recuerdo, como luna en noches de insomnio, como sol radiante en niebla de hastío.
Oigo tu voz  firme, veo tu rostro como un sol de primavera.
Siento el tacto de tus manos como alas de viento buscando nuevos cielos donde volar.
Distingo tus pasos dejando una huella eterna en mares profundos.
En ríos convulsivos, en vientos hirientes, en fríos desiertos.

Si…así te recuerdo…Así te quiero…Así te extraño… Así, Así...

viernes, 13 de junio de 2014

AUSENCIA



 Cuando todos se fueron, Marta cerró la puerta de casa y empezó  a hacerse cargo del silencio y  de las sombras. Él ya no estaba allí, ya nunca volvería a estar, aun cuando en cada rincón  estuviera lleno de su esencia y de sus cosas. Ahora debía comenzar otra lucha: resistir.  En aquellos momentos no tenía fuerzas para vivir: solo para sobrevivir.  Construir una nueva vida desde el dolor de su ausencia le parecía inalcanzable e inaceptable. La herida estaba en carne viva y hasta  el más leve suspiro le  causaba dolor. En aquellos momentos pensaba que aquel dolor no la abandonaría nunca.
 Se dirigió a la habitación.  Su mirada  deambulo por la estancia moribunda de sueños. La cama parecía gritar su nombre. El  lado  donde tantas veces  él había dormido, se manifestaba  vacío, triste… huérfano de calor.  Inmediatamente  supo que no lograría conciliar el sueño, es más, se negaba a ser la espectadora triste de  aquella ausencia  tan hiriente y constante que le quemaba el alma.  Notó el sabor de la incredulidad  que emergía demoledora desde las entrañas y el sabor amargo de la soledad. Sintió a  la rebeldía  sacudir todo su ser y decidió que ella misma  lo llenaría.
 Con la tristeza paseándose por cada átomo de su ser, miró sus cosas.  Allí estaban sus zapatillas,  su cazadora, sus lápices, sus apuntes, su gorro,  pero sobre todas  las cosas estaba  su olor. Aspiró con fuerza… Aquel   olor tan conocido y tan querido para ella, aún estaba impregnado en la almohada y por todas partes, entonces incapaz de resistir  aquella cruel  ausencia decidió hacerse cargo de aquella parte tan amada por ella.  Se  puso su pijama,  se acostó en el lado vacío de la cama,  se mezcló en su olor e ignoro aquel otro lado que ella había ocupado, y  se hundió en brazos de  su ausencia. Durante un tiempo asumió su vida y se olvidó de la suya propia, aquella vida   que sin él desearlo  había  dejado tan  huérfana como a ella misma.  Llenó el espacio  de su  cama, se alimentó de sus palabras, bebió del cáliz de la amargura,  se durmió en brazos de los recuerdos y caminó  en sueños por  cada rincón por donde él había pasado, para  así, poder luchar contra su dolorosa partida.

 Una noche, cuando fue  acostarse, Marta, miró  el lado vacío que un día  ella había ocupado, y una pregunta asesina tomo posición en su cabeza,  oyó la voz de su amado que se preguntaba angustioso ¿dónde estaba su mujer? Y  Veloz como el viento se levantó de un salto. Precipitadamente se quitó su pijama lo guardo con cariño y se acostó en aquel  otro lado que siempre había ocupado junto a él; porque por nada del mundo  quería que él la echara en falta, ni que pasara por aquel  dolor tan grande por el que ella estaba pasando.     

¡ TE EXTRAÑO

En cada punto  del firmamento, en los más tiernos recuerdos de infancia, bajo el aliento de la Naturaleza… te extraño.  Rodeado de los que me quieren y de un  mundo que sin ti, me parece inmenso y a veces también muy canalla. Obligada a beber de un solo trago algunas etapas de mi vida y a crecer rápida hacia un declive incierto y sin réplica.
Hoy, afligida el alma, parca en palabras, pero rebosante de felicidad, he salido a la calle  a saludar a esta hermosa mañana, de otro día cualquiera y  he regalado lágrimas a las musas, sonrisas a las avenidas, canciones a los senderos, poesías a las ausencias… y  he salido buscarte en los ojos de la vida, en la sonrisa de un niño, en la mirada de una sirena azul, en la nobleza de un galán  y  en la belleza de un príncipe y su princesa…y aun así …te extraño.

jueves, 15 de mayo de 2014

UNA TARDE A MI MANERA


Mientras caminábamos por entre las seguramente centenarias encinas, el sol  suspiraba melancólico.  El canto de un ruiseñor  desplazó su decaído ánimo y éste volvió presto a su posición,  hasta que el aullido  del crepúsculo lo precipitara a brazos del horizonte,  envuelto en una maravillosa puesta de sol.   La tarde, nos invitaba descarada a que  nos sumergiéramos en  las entrañas más hermosas de la Naturaleza.  Después de disfrutar de la gran flora y de su hábitat, nos dimos el placer de un descanso para saborear  unas galletas y  disfrutar de una buena conversación. Después emprendimos la marcha bajo el sonido del agua que corría alborozada en busca de nuevos riachuelos. Dejamos atrás el suave ronroneo del agua y con los rayos del sol acariciándonos la espaldas nos adentramos  por lo más angosto del cerro.  Era una maravilla para los sentidos disfrutar de aquel paisaje tan maravilloso. De pronto como surgida de un cuento de hada descubrimos una buharda en medio del aquel mágico entorno.  Ésta, agonizaba por el paso de los años, pero aún conservaba su estructura más salvaje. Entre sus ruinas, aún se podía olfatear el olor de las historias de los que allí habían vivido o  se había resguardado alguna vez  dentro de aquellas paredes, hechas de abobe y grandes traviesas de madera de encina. Las sombras acechaban al atardecer y nos dispusimos a regresar, no sin antes haber llenado nuestros bolsillos de nuevas experiencias y  de haber disfrutado de una grata recompensa: El haber podido disfrutar  de los misterios  de un día de primavera en todo su esplendor. 




viernes, 2 de mayo de 2014

¡¡A VECES!!




A veces,  veo  a las cigarra dar un concierto bajo el sol del verano y a la primavera danzar hasta caer rendida en brazos de una inmensa alfombra de flores.
A veces, veo al otoño cortejar al valle con briznas doradas y al invierno chasquear  sus propios dientes cubiertos de escarcha.
 A veces, veo a la aurora extender sus mágicos brazos hasta abarcar al día… y  al crepúsculo bostezar   aburrido a la espera de  fusionarse con  las sombras.
A veces, veo a la luna mirarse en  aguas de la ribera… y a las estrellas fulgurantes  bailar una sinfonía  de Beethoven.

A veces, veo llorar a las nubes lágrimas como perlas blancas… y al viento tocar el  violín  mientras silva  unos versos.
A veces,  veo hadas  y a duendes y también veo a la utopía  caminar a mi lado.
A veces, escucho un te quiero, noto un abrazo…  y entonces, veo  qué la utopía se ha transformado  en  una silueta silenciosa.. en  Él, en mi siempre y eterno amor.

 Y  entonces me doy cuenta que  no es solo a veces... sino que son muchas, muchas veces.




martes, 8 de abril de 2014

" UNA MAÑANA DE NIEBLA"


A veces  nos tropezamos  con  escena fascinante que se quedan en la retina y las almacenamos en nuestra memoria como algo extraordinario.  Comprobar que  una mágica niebla cubre todo el paisaje como en un cuento de hadas, te hace pensar las maravillas de la madre naturaleza.  Ver  como los jaramagos cubiertos del polvo del camino se lucen luminosos y bañados en una seda algodonada, es admirable.  Descubrir como en el cielo, un  sol  pugna por salir a combatir a  una niebla que se muestra orgullosa es un desafío.  Es un  duelo de titanes que luchan por mostrar su poder. Observar como el sol  avanza a medida que  la mañana se despierta  y ver como  lucha contra su adversaria es un espectáculo. Un sol  que avanza  a pasos agigantados y convencido de que al final  ganara la partida. Un sol que proyectas sus rayos en pie de guerra  por entre los  olivos  y demás floras del campo.  La  misteriosa dama; la neblina, comienza a flaquear y a dar muestra de  cansancio.  El duelo es observado por una mañana expectante  y deseosa de mostrar  a un bello día de primavera. Como  una infatigable guerrera la dama gris se resiste a  seguir  esparciendo su blanca seda perlada.  Por un momento frené  mi caminata para admirar  a  dos caras opuesta de la naturaleza.  Poco a poco fui comprobando como el sol iba acorralando a una débil niebla, que solo tenía fuerzas para reptar por entre las retamas y arrastrar los pies por una alfombra  de almíbar plateado.  Miles de flores propias de una primavera  se desperezaban altivas  y dispuestas a  mostrar su belleza. Los rayos del sol  estallaban esplendorosos y preludiando a un hermoso día de primavera.







miércoles, 19 de marzo de 2014

" VEINTICINCO"


Las primeras palabras llegaron a los oídos  de Julia como dardos envenenados: –“Lo sentimos, tienen veinticinco días para abandonar su casa”. Mientras aquel hombre trajeado seguía hablando como un robot programado, la tragedia  caló en la mente de Julia como gotas de ácido. La voz  llegaba a sus oídos como  zumbidos lejanos. De pronto, una grotesca sombra negra surgió de la nada y la engulló por completo. Cuando  abrió los ojos, miró a su alrededor… El hombre  sentado tras la mesa seguía en su puesto dispuesto a seguir degollando sueños y esperanzas. Derrotada dobló la carta y como una sonámbula se dirigió a la salida.  Una  bofetada de aire frío  le surcó el rostro. De repente pareció como si muchas primaveras sin flor la hubieran triturado sin compasión. Con su mundo desbaratado  y  la sonrisa congelada Julia deambuló sin rumbo hasta que el crepúsculo comenzó a reptar por la ciudad  y le recordó  su negra realidad.  Caminó sin prisa hacia su casa. ¡Su casa! Su rostro se inundó de lágrimas amargas. Caminó entre la gente como una autómata. Las luces jugaban unas con otras creando siluetas fantasmagóricas. A lo lejos  un perro ladró. Sus ladridos la conmovieron. Ella también ladraba en su interior. Reconoció el ladrido  de auxilio, de soledad, de hambre y de frío.  Se lo imaginó  deambulando al igual que ella, buscando un lugar donde guarecerse de la impávida  noche de invierno.  Seguramente algún desalmado lo habría abandonado a su mala suerte. Solo los desalmados  eran capaces de rematar a las desdichas. Cuando se dio cuenta estaba frente al portal. Aunque lejanos, los ladridos del perro aún se escuchaban como quejidos rotos. Todo  le pareció distinto. Allí, en medio de la entrada se sintió una desconocida, peor aún, una don nadie.  Miró las escaleras. Parecían que se habían multiplicado al igual que su desolación  e impotencia.  Infinitas. Desanimada comenzó a subirlas.  Una,  dos, tres, cuatro,   otra, otra y otra… hasta llegar por fin a la última… y  veinticinco. Ni uno más ni una menos.   Lanzó al aire un reproche  ¡ otra vez el maldito número!. Casualidad, mala suerte, el destino. Que más daba. El ultimátum  había sido dado y recibido. La cara del hombre tras la mesa impasible e implacable se dibujó en su mente como el peor de los  verdugos. Aquella mirada  mecánica. Aquellas palabras estudiadas, ejecutadas al milímetro, aún resonaban en su mente como una sonata macabra.  En los ojos del hombre  no había  ni un ápice  de culpa, ni un amago de piedad. Aquel hombre con traje y corbata parecía un bloque de hielo. Tras su mirada solo se veían ecuaciones, números y operaciones. Para él,  Ella, simplemente  era un mero trámite; un papel con rostro. Un trabajo más y finiquitado para archivar en sus bonitas carpetas de cuero. La realidad  le había estallado  en la cara al igual que un tsunami.
 El sonido de unas risas de niños por la calle la hizo volver a la cruda realidad que se presentaba ante ella demoledora. Meneó la cabeza para  borrar aquella cara que parecía haberse  tallado con oxido dentro de en su cerebro.  Sacó las llaves del bolso.  Las introdujo  en la cerradura despacio, retrasando el momento de entrar. La puerta cedió. Silencio. Un silencio que desde hacía tiempo se había poblado de fantasmas y  de sabor a desventura.  El olor a hogar de antes, hacía unos meses que se había convertido en un olor putrefacto.  La ilusión, la alegría y las risas parecían haberse suicidado tirándose por la ventana. Colgó el abrigo. Colgó su inquietud. Colgó el hedor de la bienvenida. Pero fue incapaz de colgar su agonía. La agonía del encuentro con la otra realidad. Aquella realidad que se había presentado como un  monstruo silencioso y despiadado al que Julia se tenía que enfrentar desde hacía unos meses. La depresión de Iván.  Entró. Sobre el sofá Iván permanecía inmóvil con la mirada perdida en un punto indeterminado. Contuvo las lágrimas que pugnaban por salir. Allí, tumbado sin voluntad, sin ganas de nada, con la mirada ausente y una mueca inexpresiva, esta él, como un muñeco roto.  Desde que lo despidieron no tenía ganas de nada, se pasaba los días tumbado. Solo  cuándo su mente cobraba un poco de cordura gritaba maldiciendo su mala suerte y no dejaba de  lanzar improperios  dirigidos sabe Dios donde, sus palabras quedaban repartidas por toda la estancia salpicada de malos augurios.  Todo fue más o menos bien mientras Iván cobraba el paro, con ello, tenía lo justo para pagar la  hipoteca.¡ La maldita hipoteca! Y con lo que ella ganaba echando horas pagaban los demás  gastos de la casa.   
 El caos vino una vez finalizado este, todo se convirtió en una marea de problemas y sinsabores.  Con los días las dificultades fueron creciendo hasta tal punto que, ya no pudieron pagar la hipoteca. Estaban con la soga al cuello. Hasta que llego lo inevitable. La carta con la orden de desahucio. ¡ Tienen ustedes veinticinco para hacer el pago de lo atrasado, de lo contrario tendrán que desalojar la casa en el plazo ya mencionado ”. Aquello fue el principio de un buscar y no encontrar salida alguna. Fue cuando la depresión ocupo un lugar por excelencia en la vida de Iván, la cual,  también la arrastró a ella.   Por más que Iván busco trabajo no lo consiguió. Así un día y otro hasta que llego el primer impago de la letra, y el segundo y el tercero así, hasta 6 meses. Mientras tanto, Iván se fue hundiendo en un pozo negro que le fue absorbiendo las ganas de vivir. De la noche a la mañana sus vidas se habían convertido en un infierno. La transformación de Iván fue brutal, la apatía por todo era su único acompañante.  Se sentía un inútil un trasto viejo que ya no servía para nada. Ella, intentaba animarlo pero todo fue inútil. Día a día, la desgana de Iván por todo fue ganándole la partida. La depresión cayó sobre él, como un león agazapado dispuesto a saltar sobre su presa y devorarlo.
Con los recuerdos a pie de guerra, Julia seguía de pie, quieta, en medio de la estancia como una estatua de sal que por momentos se desmoronaría. Sus ojos estaban fijos en aquel cuerpo desmadejado. Cerró los ojos y se regaló  al Iván lleno de vida, de sueños, de proyectos e ilusiones. Un Iván guapo, risueño, trabajador y amante  de la vida. A su verdadero Iván  lo había aniquilado un despido.  Aquel hombre del sofá era una piltrafa humana anulado por la depresión. A Julia le dolió tanto  ver aquel Iván que ya no pudo contener las lágrimas. Las dejó correr a raudales.  A duras penas pudo expulsar su agonía, y a sus pensamientos. Tenía veinticinco  días para adormecer a la amargura, veinticinco días para calmar la impotencia, veinticinco días para guardar sus buenos recuerdos atesorados entre aquellas paredes.
Embutida en sus pensamientos no se había percatado que la mano de Iván caía flácida, casi rozando el suelo. Una inquietud desconocida la embargó.  El corazón comenzó una desenfrenada carrera que le embotó la cabeza por un momento. Un pensamiento asesino  le corrió veloz por la sangre que paralizó todos sus miembros. Un grito de horror quedó atrapado en su garganta. Sólo un suave ¡Dios mío! Escapó de su boca en forma de plegaria. Con ojos desorbitados se dio cuenta que camuflada tras aquella mano que parecía inerte, un tubo de pastillas se mostraba burlón ante ella.  ¡Había pasado lo que hacía tiempo ella  ya sospechaba que podría pasar. La odiosa depresión había ganado la batalla.  El poco  mundo que le quedaba se le acaba de romper en mil pedazos y se mostraba ante ella, cruel, despiadado, demoledor. Seca, como el  más áspero desierto, helada como un permanente invierno, sin flor alguna como una primavera marchita  y   desposeída de toda clase de  sentimiento su  cuerpo  se desmoronó, al igual que un glacial bañado por los intensos rayos de un sol abrasador e impío. Su cuerpo se dejó caer al lado de su Iván.  Julia solo era un cuerpo sin vida, un cuerpo sin  alma.    
Por una extraña razón la carta con la orden de desahucio vagó por las entrañas  del agotamiento y la desesperanza. Julia buscó algo donde guarecerse de tanto dolor. Nada encontró. Busco en sus recuerdos. No acudieron. Quiso llorar. Las lágrimas se resistieron. Entonces su  mente trastocada comenzó un galope desesperado que culminó en una estampida de  veinticinco mil revoluciones  por segundo. La descarga fue mortal. Su corazón colisionó.

Lo  sufrió.  Transitó.  ¿A dónde?  No  tuvo tiempo de saberlo. En un amago sobrenatural… miró a su Iván. De acariciarlo y nada más.  Dulcemente se precipitó a un lugar en el que, solo quizás  fuera mejor…solo quizás...                                                                                                                      

domingo, 2 de marzo de 2014

¡ UN DÍA CUALQUIERA!!



Mientras  bostezo holgazana,  él, con su luz cegadora me desea los buenos días. Me empapo de su olor, de su esencia, de su ternura infinita. Un  abanico de colores y sensaciones se abre  paso ante mis ojos. Me  dirijo a la cocina, él, me sigue como una sombra.  Me encanta ver  su cara de asombro mientras preparo el desayuno. Para él: café y tostadas,  para mí: zumo y crispís. Él, siempre en silencio, yo parlanchina como una cotorra; que si ayer vi una película de terror, que si los rosales están  floreciendo, que  si los cerezos se han secado. Él, no parece darle importancia, su rostro sigue tan hermoso e impoluto como un ángel. Yo insisto ¡Ya sabes aquellos que nos cobijaban mientras nos besábamos!, al contemplar sus ramas inertes, las lágrimas me han visitado. Él, me consuela. Yo lo miro enamorada  mientras acabo mi desayuno, observo que el suyo sigue intacto. Nunca tiene hambre. Me preocupa. Hace tiempo que lo noto ausente.
Me exaspera su mutismo. Quizás mañana suceda un milagro y quizás tenga más  apetito y más ganas de hablar, ¡claro! pero solo quizás...
Debo ser yo, anoche soñé que ya no estaba conmigo, un sudor frío perlaba mi frente ¡Dios que  angustia, ¡menos mal que sólo fue un sueño y gracias a Dios al despertar estaba a mi lado, como siempre…

Claro que no me olvido de arroparme cada noche con las mantas de su recuerdo y el suave roce del embozo de su sonrisa …sólo  por si acaso me asaltan las pesadillas...

martes, 11 de febrero de 2014

¡EL DESAFORTUNADO FOLIO!!!!

Allí, sobre la mesa del escritorio parecía un Dios. Desnudo,  impoluto, paciente y generoso me miraba con cara de deseo. Su sensual disposición me invitaba a satisfacerlo. Lo miré con picardía. Me hice la remolona e intenté no pensar en él. Todo fue inútil. Volví a mirarlo por el rabillo del ojo. Como era natural no se había movido, seguía tan disponible y zalamero como al principio. Intenté pensar cómo complacerlo. Mi bloqueo era total.  Pasaron  diez minutos, cuarenta,  ochenta, cien, Nada. Las ideas se habían suicidado  saltado por la ventana. Volví a  echarle un vistazo, su cara de decepción era un poema. No aguante más.

Furiosa conmigo misma comencé a descargar mi ira sobre su cara  de desilusión. Mis manos apretaron su cuerpo con rabia. Lo insulté, lo zarandeé y empecé a estrujarlo y estrujarlo  hasta conseguir una bola amorfa y desechable… y lo lance con fuerza contra el cristal de la ventana.

LA TORMENTA


Abrí las entrañas de mis recuerdos, para rescatar a una niña asustada, que sentada a lomos de una burra se aferraba fuertemente a su hermano, bajo un cielo cubierto de nubes que corrían enloquecidas.
Mi madre arreaba al animal, bajo la sospecha que el cielo descargaría rayos y truenos. En previsión, tapó las orejas del animal con unos sacos (atraería a los rayos). Mientras tiraba de la burra rezaba a Santa Bárbara para que nos protegiera de la gran tormenta que parecía dispuesta a castigarnos.
Las culebrillas resplandecían en la tarde crepuscular. El primer trueno sonó como una bomba, el animal dio un respingo que casi nos tira. Nos bajamos y nos pusimos a caminar junto a mi madre. Era la primera vez que yo escuchaba gruñir al cielo con la potencia de un dragón enfurecido. La noche caía inmisericorde. El final del viaje parecía no llegar nunca. La lluvia comenzó a fustigarnos con dentelladas gélidas por todas partes. Los rezos de mi madre se convirtieron en súplicas. Un rayo cayó sobre una encina partiéndola por la mitad. Yo imploraba a Dios que apaciguara a aquel dragón que seguía escupiendo fuego por la boca. El barro se convirtió en verdugo y el viento en aliado, éste comenzó a soplar con una fuerza huracanada y consiguió que aquel dragón furioso volviera a su guarida. Sentí que mi súplica había sido escuchada por aquel Dios lejano, y que aquel anochecer parecía haberse hecho niño para escuchar nuestras súplicas.



domingo, 2 de febrero de 2014

"CARNE DE CAÑÓN"





Pero esta vez ella lloro al ver que  llegaba  demasiado tarde.  Vi, cómo  por sus mejillas marchitas se deslizaban las lágrimas, y, cómo la Luna se posaba sobre su arrugado rostro, marcado por las líneas de la impotencia, y vi, como un sudor  perlado maquillaba su rictus de dolor  como estrellas plateadas. Y, cómo la entristecida noche la envolvía entre las marañas del desconsuelo, y, cómo su  miraba se perdió más allá de aquel callejón solitario, mientras yo me perdía en la nebulosa de la noche cerrada del polvo blanco, y, también  percibí un tierno y último abrazo. 

CARTA DE AMOR





Pasa el tiempo y tú ausencia sigue siendo una losa inquebrantable.
 Todo me parece más grande, más frío, más silencioso, más sin sentido, más extraños.
Los días son lentos y a la vez muy rápidos. Mi vida se paró esa mañana de otoño que lloró conmigo tu inesperada marcha. Aunque aprenda a vivir (que lo haré) en mi alma  siempre habitará el frío otoño.
Desde que tú no estás, hay  días que me gustaría tener  puertas en los ojos para poder cerrarlas y no mirar el inmenso  cielo azul, con sus largas tardes, con sus múltiples flores, con  sus variables olores, con el canto de los pájaros.  Digo miro, porque desde que tú, no está, sólo “miro”, Contigo, todo era diferente. Contigo, vivía cada instante, cada segundo, cada minuto... vivía siempre.
Ahora, me pierdo fácilmente en la negrura de tu perdida y el la grisácea túnica de la melancolía  La tristeza se ha instalado en mi pecho como un puñal y embarga mis días. Las noches me acurrucan al sonido de la añoranza mientras, todos mis poros están abiertos al ayer perdido y  hambrientos de la felicidad perdida. Siento la languidez de mi alma, sus fisuras, su quebranto, su  total desnutrición. Abatida espera a una nueva primavera, donde quizás, sólo quizás, pueda volver a  renacer.  Mi corazón  antes devorado  por tu fuego, ahora, sólo es invierno cubierto de escarcha. Un amplio abanico de nubes negras, amenazan con escupir una lluvia de lágrimas negras, sin dejar paso al arcoíris de la siempre incitante ilusión qué, aburrida de esperar  parece haberse suicidado saltando por la ventana de nuestros sueños incumplidos.
 Hoy,  me ha despertado  el aullido de la nueva primavera que  ha aparecido exuberante. ¿Recuerdas los gorjeos de las golondrinas en nuestro balcón? Hace cinco años que no han vuelto, los mismos que hace que tú ya no estás conmigo. Sus nidos siguen fieles aguantando las inclemencias del tiempo, con la esperanza que algún día vuelvan para habitarlos. Mi nido sin ti, es una mansión donde las extensas alas del silencio abanican cada rincón  de mi alma.   
Un silencio mullido de sombras, donde grito tu nombre y por respuesta me responde el mismo silencio.  Un silencio que me hiela la sangre…Un silencio solidario que me empuja a  fabricar sueños y poesías. Y, entonces,  me atrevo. Abro la puerta de esa habitación llamada ausencia y traspaso el umbral y quiero abrazarte y me doy cuenta  qué, en el …sólo  existe el silencio.
Y vuelvo a preguntarme qué, ¿Por dónde empiezo? sabiendo que tú ya no estás, tú que eras mi aire para respirar,
Brisa suave que me acariciaba, lluvia que empapabas mi vida de amor,  el color de mis días grises de mis noches oscuras, alegría de mis sentidos, de mi alma, de mi razón, de mi locura y  de mí cordura.
¿Dónde te has ido?
 Donde encontrar tú sabor, tú olor,  tú  risa, tú alegría. Mis días claros y azules, azules como el cielo. El  cielo que tú y yo mirábamos, para descubrir en la luna el reflejo de nuestra felicidad, de nuestros anhelos y nuestros sueños…
¿Por dónde camino? si todo me lleva a ti. Todos buscamos una meta,  desde que te conocí supe que mi meta eras tú. Contigo he vivido todo los sueños que hacen que la vida sea…vida.
Pero  ¡Aquí sigo!
Como ayer, igual que hoy, como siempre, sentada en nuestro patio, observando, recordando, dejándome acariciar por  el viento, el mismo  viento que besó tu rostro y acarició tu pelo.
 ¡Si aquí sigo! 
Por ti, por nuestros sueños, por los dos, viendo  amanecer, sin rumbo, sin  horizonte, buscando un punto, donde tal vez tus ojos un día fijaron su mirada. 
Triste, esperando la hermosa puesta del sol, para que absorbe mis lágrimas, con su tenue y suave resplandor.
De pie mirando el cielo y las estrellas, hechizada por la luz de la luna que me sonríe, cautiva de tus palabras.
Llorando un te quiero, gritando un te amo, esperando un regreso, soñando un reencuentro.
¡Aquí sigo! salvando el leve espacio qué cruza por mi lado de puntillas e inmisericorde, sin, apenas mirarme, sin apenas rozarme… aun fiel.
Aferrada a la locura que, se encarga de hacer de lo irreal…algo real…
¡Aquí sigo!, una noche más…aunque tú nos éstas…aunque eres lo intocable…lo prohibido…lo imposible…aun así…de mi alma llueven recuerdo…brotan poesías…sólo para ti.
Para transformar esa cruel frase “aunque tú no lo sepas” por “para que siempre lo sepas” ¡Si, aquí sigo, por ti, por la vida, SIEMPRE.