Buscar este blog

viernes, 26 de diciembre de 2014

¡ LA DAMA GRIS!!!



La mañana amaneció una vez más lagrimosa. La dama gris (La Niebla) había extendido sus tentáculos y se había apoderado de toda la campiña. Su halo grisáceo  le impedía  mostrar su limpio amanecer. La gran hechicera blanquecina, hacía días que se mostraba desvergonzada por toda la campiña. Vestida con su inmensa y vaporosa túnica trasparente, dejaba ver su desnudez envolviendo a cuantos la miraban. La dama vespertina, se exhibía  como una Diosa griega. Aunque en sus ojos se reflejaba un leve rastro de tristeza, (la mayoría la repudiaban) por su aliento pegajoso y su espesa capa.
Sus sutiles alas flotantes acariciaban  a una mañana que, de mal humor se dejaba besar por los labios gélidos de la gran dama. La gran Dama albina suspiraba melancólica, mientras su gentil cuerpo  comenzaba una danza magistral, haciendo que la visibilidad fuera prácticamente nula.  Sus poros no dejaban de destilar diminutas briznas plateadas qué, como ninfas luminosas corrían risueñas a abrazar y a pintar todo el paisaje de un gris perlado. Ante tanta destreza, la madre Naturaleza  no dudó en caer rendida a sus pies, completamente fascinada. Los cuantiosos cabellos de la gran dama se esparcían revueltos. Sigilosos marcaban su territorio como una serpiente traicionera. La gran hechicera gris, miro al cielo con recelo, sabía de antemano que el rey sol no se conformaría con asomar la cabeza. El, siempre reclamaba su lugar.  En el mano a mano éste, siempre le ganaba la batalla. Esta vez, la gran dama triste, antes que el crepúsculo apareciese había dado órdenes estrictas a su ejército de ninfas, para  que se expandieran e impidieran que el gran astro la cogiera por sorpresa. Satisfecha comenzó a bailar como poseída. Saltó por entre los árboles, los matorrales, arrastró su gran mata de pelo por la hierba y se mezcló en las calles, para dejar su huella misteriosa, como toque personal de su maestría.     



¡ NAVIDAD...DE ALGODÓN!!

He aprendido  a vivir  la Navidad, desde la  mirada del alma…a ver más allá de una silla vacía… a aguantar la mirada de la ausencia…a sonreír sin esfuerzo… a retener a las lágrimas...hacer las paces con los recuerdos… a sentir  el cariño de los que me rodean… a  mirar a la ilusión en los ojos de un niño y…  la alegría  y el amor en mis tres reyes Magos...porque para mí, todos los días son  Navidad…por ello, quiero que sean felices siempre… no solo en Navidad…porque  para mí…ellos son mi autentica Navidad…    


¡¡ CUANDO ME VAYA... SOLO ENTONCES!!!



Cuando mi vida haya traspasado el valle,
De las primaveras marchitas,
En ese preciso instante…
Los otoños dejaran de sangrar  hojas muertas…
 
Cuando mis manos estén desgastada,
De  tanto acariciar tu ausencia,
Entonces…
Escucharás silbar al viento poesías…

Cuando el recuerdo se convierta en presencia,
Y las sombras sean lanzadas   al abismo…
En ese intervalo…
Las golondrinas volverán anidar en tu balcón.  

Entonces…
Quita las viejas zapatillas,
Que duermen sobre el suelo quieto.
Airea el camisón azul, surtidor de sueños, 
Saca del baúl el vestido de los domingos…
Y lánzalos a brazos de una puesta de sol.

Entonces… solo entonces…
El verano repartirá  sonrisas sobre los trigales 
Los inviernos dejaran de llorar lágrimas vacías,
Los otoños dejaran de vestirse de melancolías,
Y las primaveras explotaran jubilosa de flores,

Entonces… sólo entonces… recuérdeme. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¡¡ EL INVIERNO NAVIDEÑO!!


Ésta vez había llegado impuntual, pero tan gélido como siempre.  Trayendo su aliento helado, su bilis seca… arañando almas solitarias. Arropado hasta los dientes, se pavoneaba altanero mostrando su poder.  Su gran capa ondeaba al viento, como señal de que él, era el dueño y señor de su estación.   Taciturno y desafiante miró a la mañana que, holgazana intentaba quitarse las legañas, debido seguramente a una mala noche pasada al raso. Las noches sin él gobernando, eran más cálidas y acogedoras.  Con él, las tiriteras eran frecuentes e incluso las estrellas perdían fuerzas.  Al señor Invierno, le gustaba  mostrar todo su poder e implantar su ley. El frío, la escarcha, la nieve, la lluvia, las heladas y los charcos, eran  sus esbirros… más predilectos. Durante su cese se pasaba los días enteros dormitando y muerto de aburrimiento en su habitáculo oscuro.  Cuando se hacía presente  sus interminables manos heladas y escuálidas, abarcaban cada palmo de su reino. Como soberano de su estación, dejaba su huella allá por donde pasaba. Le robaba horas al sol, para  regalárselas al negro crepúsculo. Imprevisible, le gustaba acortar el  día y hacer interminables las noches.  Su pasión favorita era dar órdenes sin cesar. Hacía rabiar al sol, que a regañadientes se tenía que ir a descansar más temprano de lo habitual. Cuando gobernaban  las otras estaciones, eran más generosas. Pero él, era el invierno y no pensaba desaprovechar su tiempo. Ahora… Él era el rey y tenían que acatar sus órdenes.  Él  sabía que no tenía el encanto de la primavera,  ni la pasión del verano o el glamour del otoño. Pero sabía, que solo él era poseedor  de la  más entrañable de las fiesta; La Navidad.  Era una fecha mágica. Durante esos días, hasta él se ponía sensiblero. Dejaba de dar órdenes y el cielo complacido dejaba caer finos copos de nieves que hacían las delicias de todos, en especial a los niños.  Por las noches las estrellas se vestían de gala para celebra la venida de la Navidad. Les reunía en torno al fuego y  junto al  crepitar de los leños, las historias surgían como por encanto. Las calles se vestían de luces y guirnaldas. La alegría y los villancicos armonizaban el ambiente y  la humanidad parecía calar en los corazones. El señor invierno anhelaba que  este año todo hubiera cambiado. Como gran espectador en estaciones anteriores, había observado como una gran mayoría de personas cerraba los ojos ante las miserias del mundo;  corazones rotos, personas bajo cartones, hombres y mujeres sin trabajo, niños sin chocolate ni pan… Personas que  dormían bajo las sábanas de la incertidumbre. Hombres y mujeres sin trabajo, sin ilusión ni esperanza, soñando despiertos con encontrar…un  mañana mejor.  Él todopoderoso invierno se enterneció y comenzó a llorar finos copos de nieve. Frenó a la gélida noche y templó un poco el corazón helado de la noche de Navidad… fijó su mirada en la estrella de David y pidió un deseo. Qué todo el  mundo tuvieran un hogar, un trabajo, un fuego donde calentarse, pan para comer y  mantas para arroparse…  Él también tenía corazón…