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miércoles, 10 de octubre de 2018

LA PROCESIÓN!

Tras el quicio de una puerta
Una anciana suspiraba
Esperando ver al Cristo
Que en procesión caminaba.
Por su rostro ya marchito
Una lágrima  rodaba 
Al escuchar que a lo lejos
La música  se acercaba.
Ya siente a la emoción
Subirle por la garganta
Ya le tiemblan las manos
Y los recuerdos la abrazan. 
¡Ya llega a su puerta!
Ya la inundan las lágrimas
Al ver al Cristo bendito
Parado  frente a su casa.
La anciana se santigua
Y cae arrodillada
Ante su Cristo bendito
Que la mira y  que la abraza
El Cristo coge un clavel
Lo besa… y se lo da a la anciana.
La anciana lo recoge
Con sus manos arrugadas
Se lo lleva al corazón
Con gratitud y esperanza
Ya ha pasado el Cristo
La anciana se levanta
Y como una joven doncella
Se retira a su morada

Y muy bajito le pide
Que venga pronto la parca
Para estar allí a su lado
Y allá… con  les que le faltan
Mientras tanto cada año
Con más años a la espalda
Y con su fe en él, intacta
Lo  seguirá viendo  pasar
En procesión ante su casa.

¡¡OTOÑO!!

Lo vi por casualidad, Agazapado, taciturno y con la mirada triste.  Envuelto en colores pálidos. Bostezaba entre recuerdos y poesías.  Acongojado por  su retraso, rumiaba el sabor de la impaciencia. Se pasaba las 24 horas despierto, hecho, que le hacía supurar una constante apatía.  Era consciente que a muchos no les caía bien, aun así,  Era su  hora, su tiempo y estaba dispuesto a saltar en cualquier momento sobre su adversario. Éste año estaba resultando excesivamente pesado.
Últimamente  la madre Naturaleza estaba un poco loca. Él tenía mucho trabajo que hacer. Por un motivo u otro, todos lo esperaban impacientes.  Esparcir toda la nostalgia que durante un año había acumulado, le encantaba, no lo podía remediar. Los románticos lo adoraban y los campos le rendían pleitesía por su generosidad.
Sus pinceles estaban a punto para colorear prados y avenidas; tintar el paisaje de  hojas,  granadas,  membrillos y castañas; de tardes soñolientas,  y de noches vestidas de recuerdos.
Se desperezó y miró por entre sus legañas grisáceas, comprobó que su adversario seguía allí. Malhumorado volvió a su posición, no antes de lanzar una bocanada de su melancólico aliento.
Se recostó  resignado sobre su alfombra de hojas y  siguió a tejiendo sueños y fantasías...sabiendo  que muchos esperaban su pronta y  melancólica aparición.