¡Dejad que mis lamentos se posen bajo mi almohada como
mariposas cautivas
¡Que mis labios pronuncien su nombre muy despacio.
¡Dejad que luche aunque la batalla sea
inútil y mis manos permanezcan desnudas bajos este cielo que no acaba nunca.
¡Dejad que mis pupilas se iluminen aunque el sol se haya olvidado de ellas.
¡Qué duerma solitaria bajo el hastío de los días.
¡Dejadme soñar… aunque sólo sea dormida.
