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miércoles, 31 de octubre de 2012

LA LOCA DE LOS SUEÑOS

Tejiendo sueños imaginé,
Que tú podías volver de nuevo a mí.
Tejiendo sueños imaginé,
Caminos nuevos que me llevarán hasta ti.
Tejiendo sueños escuché tu voz,
Y sentí tu amor, y pensé en tus brazos,
Y me regalaste un cálido y tierno abrazo.
Tejiendo sueños pensé que mis pensamientos,
Eran mariposas que desplegaban sus alas,
Y volaban cerca de las estrellas,
Y se posaban sobre tu rostro.
Tejiendo sueños imaginé ser palabra de poeta,
Y formar un adiós de nunca jamás.
Tejiendo sueños pensé ser pintor
Para poder pintarte y darte vida
Como en los cuentos de hadas.
Tejiendo sueños te busqué en mis sueños,
Y te encontré y supe que existías,
En otro tiempo, en otro espacio, en otro lugar,
Y quise tenerte en mis sueños siempre.
Tejiendo sueños desperté y no te vi,
                                                                            Y entonces pensé, que quería seguir tejiendo sueños.

CIUDAD DE DIOS

   
 Chamo no lloró al nacer. Desde el vientre de su madre ya percibió el olor a odio y a metralleta. El llanto quedó sumergido en su alma inocente y fue relevado por el fuego de los fusiles. Había cumplido 9 años y  había llegado el gran día.  Las lágrimas enterradas emergieron desde el fondo de su alma contagiada de odio. No lloró al nacer pero ahora lloraba de emoción ¡Por fin, tendría su fusil!. Salió de la chabola sin volver la vista atrás. Frente a él, tres fusiles relucientes esperaban ser poseídos, por tres inocentes empapados en odio. Cuando Chamo tomó el fusil en sus manos, lo acarició como a un Dios. Con la mirada fría como el hielo y el corazón marchito como la  más tierna flor... Miró al frente y apretó el gatillo. Desafiante se abrió paso entre los cuerpos que yacían sin vida. La caza había comenzado ¡Él era Dios!

martes, 23 de octubre de 2012

MIRADA SIN ALMA


Allí estaba, sentado frente a ella como todos los días. Ella callada como una muerta, inmóvil como una estatua, radiante como un día de primavera, inaccesible como una estrella del firmamento…… Su mirada magnética le provocaba una especie de hipnosis  inmisericorde. Un fuego incandescente le devoraba por dentro. Una atracción diabólica  se había apoderado de su voluntad y de su alma.

Él, le había entregado su tiempo, su esfuerzo…su vida y ahora, ella le exigía su alma.



Había pasado de ser amo a ser esclavo.  No podía más. Tenía que poner fin a aquella obsesión absurda.


La mujer sentada sobre el barril, le miraba impasible, parecía burlarse de sus locos pensamientos. Alargó la mano y la atrapó. El roce suave  de su desnudez le provocó un inmenso placer. Le regaló una última acaricia y una última mirada, después  la apretó con sus manos y la arrojó con fuerza por el balcón. Mientras miraba como su  gran obra maestra  yacía en el asfalto hecha mil pedazos…Su alma se estremeció

sábado, 20 de octubre de 2012

CALOR HUMANO




La visibilidad era prácticamente nula por la niebla.  El impacto fue tremendo. Lo que fuera se había abalanzado sobre el coche como un suicida. Salí del coche precipitadamente. Un perro blanco como la  nieve se encontraba moribundo entre las ruedas del coche. Los  ojos del animal parecían suplicar. Pero ¿qué hacía en medio de la carretera?  La respuesta la encontró en las patas sangrantes del animal  ¡lo habían abandonado! El animal dio un gemido que traspaso a la niebla. No  era  de dolor,  sino de desamparo. Le eche una manta por encima.   De pronto mi sorpresa no tuvo límites.  Los ojos suplicantes del animal se tornaron vivaces como una noche de luna. El rabo comenzó a bailotear y  los gemidos se trasformaron en ladridos de alegría. Comenzó a lamerme la cara agradecido. Comprobé que estaba moribundo de amor, de  compañía y de cariño.

LOS ZAPATOS

"Los zapatos" de Van Gogh

Carlitos corría todo lo que sus zapatos, tres números más grandes, le permitían. Desde que su padre lo había abandonado malvivía en una casucha de mala muerte con su madre enferma.
Por las noches el llanto amargo de ésta, resonaba en el silencio como un lamento roto. Desde hacía días, comían lo que él rebuscaba en aquel contenedor situado al lado del restaurante.
De repente, divisó a lo lejos las luces del restaurante, comenzó a quitarse los calcetines de las manos que le servían de abrigo, dispuesto a saquear lo que para ellos era su supervivencia.
Al llegar, unas lágrimas cristalizadas rodaron por sus mejillas. Había llegado tarde, hoy se presentaba un mal día. Desconsolado comprendió que nunca debió ponerse aquellos malditos zapatos que le habían impedido llegar a tiempo.

martes, 16 de octubre de 2012

NOSTALGIA


La tarde estaba desapacible, una gran nube blanca con aire de fantasma parecía guiñarme un ojo.  Mientras caminaba por el sendero de siempre, los recuerdos comenzaron a vagabundear por mi cabeza como almas en pena. Lejos de esquivarlos me dejé envolver por ellos y bebí de la copa del misterio de mis fantasías. Poco a poco  comenzaron a cobrar vida en mi mente. Me adentré en ellos complacida. Di  rienda suelta a mis sueños y anhelos. 
El invierno agonizaba para dar paso a la primavera. La madre Naturaleza venía cargada de múltiples aromas silvestres pero, en  mi mente sólo habitaron la pena y la ausencia...  
Mi alma se embriagó de tardes de domingos, de besos, de caricias, de deseos imposibles….. De aroma de sombras..de recuerdos y de utopía...  

sábado, 13 de octubre de 2012

EL MILAGRO DE UNA PROMESA

Más tarde con el tiempo plantaré un árbol. Pondré un columpio que  te balanceará hasta  las estrellas. Alicia, sentada sobre el viejo columpio, recordaba aquella promesa  que un día ya lejano él,le susurró al oído bajo el cerezo preñado de brotes, a punto de florecer. A pesar del tiempo, el fiel cerezo aún seguía vistiéndose de flores blancas. Ella, como cada primavera, esperaba impaciente que el pasado enamorado se hiciera presente para cumplir su promesa. La suave brisa acarició su rostro arrugado, el devastador tiempo no pasaba en vano. De pronto, sintió unas manos sigilosas que empujaban al desgastado columpio, qué,. misteriosamente la elevó  hasta cerca de las estrellas. Desde la ventana, Rina, observaba  intentado adivinar el secreto que guardaba aquel viejo cerezo y que cada primavera parecía dar vida  a su madre.  Con los ojos cuajados de lágrimas contemplaba a la anciana, que agarrada a las  cuerdas rotas del árbol seco, gritaba con fuerza¡ más alto, más alto!.   


AQUÍ ESTOY


¡Aquí estoy!
Como ayer, igual que hoy, como siempre,
Sentada en nuestro patio, observando, recordando,
Dejándome acariciar por  el viento,
El mismo  viento que besó tu rostro y acarició tu pelo.
 ¡Si, aquí estoy! 
Por ti, por nuestros sueños, por los dos.
¡Aquí estoy! 
Viendo  amanecer, sin rumbo, sin  horizonte, buscando
 Un punto, donde tal vez tus ojos un día fijaron su mirada. 
¡Sí, aquí estoy!
Por ti, por mi, por los dos.
¡Aquí estoy!
Triste, esperando la hermosa puesta del sol,
Para que absorban mis lágrimas, con su tenue y suave resplandor.
¡Si, aquí estoy!
Por ti, por mi, por los dos.
¡Aquí estoy!
De pie mirando el cielo y las estrellas,
Hechizada por la luz de la luna, que me  sonríe,
¡Si, aquí estoy!
Cautiva de tus palabras.
¡Aquí estoy!
Llorando un te quiero, gritando un te amo,
Esperando un regreso, soñando un reencuentro.
¡Sí, aquí estoy! Por ti, por mí por los dos.
¡Aquí estoy! Ahora, como ayer,  como siempre
¡Aquí estoy!
Para transformar  esa cruel frase” aunque tú no lo sepas”
Por  “para que siempre lo sepas”.
¡Si, aquí estoy! Por ti, por la vida, SIEMPRE.

viernes, 12 de octubre de 2012

UN MUNDO PARALELO

Hoy tocaba destrozar  la jaula que me mantenía prisionera de mis temores, de mis miedos y de mi culpabilidad. La tarta esperaba con las velas encendidas. Guarde mi maravilloso ayer, mi triste presente y mi incierto mañana en las sombras de aquella casa desconocida para mí. Las felicitaciones entraron en mis oídos como el canto de un ruiseñor.

Los años en soledad  habían mermado mi capacidad de sentir el calor humano.

Al terminar volví a recoger mi  ayer, mi presente,  mi incierto mañana y volví presta a meterme en la jaula de mi mundo paralelo.

LA MAQUINA INEXISTENTE

     Con el pliego de papel bajo el brazo avancé decidida como un robot programado. El reto se me antojaba infernal.
Solo un milagro podía abrir mi cegada  mente. Como una autómata cogí las cuerdas de ambos lados  del pliego. Las até con fuerza al alambre de la gran verja que rodeaba el parque. Miré al hada sobre el papel sin boca ni ojos. En su lugar tres agujeros esperaban que alguien curara su ceguera. En el centro del cartel, tres palabras:” ayudadme a soñar”. Me aposte tras la máscara.  Mis labios y mi boca quedaron fijados a las aberturas del pliego como por arte de magia. Desde allí observaría la vida, hasta que la maquina inexistente de mi cerebro volviera a resurgir y crear sueños nuevos.