Buscar este blog

miércoles, 31 de octubre de 2012

CIUDAD DE DIOS

   
 Chamo no lloró al nacer. Desde el vientre de su madre ya percibió el olor a odio y a metralleta. El llanto quedó sumergido en su alma inocente y fue relevado por el fuego de los fusiles. Había cumplido 9 años y  había llegado el gran día.  Las lágrimas enterradas emergieron desde el fondo de su alma contagiada de odio. No lloró al nacer pero ahora lloraba de emoción ¡Por fin, tendría su fusil!. Salió de la chabola sin volver la vista atrás. Frente a él, tres fusiles relucientes esperaban ser poseídos, por tres inocentes empapados en odio. Cuando Chamo tomó el fusil en sus manos, lo acarició como a un Dios. Con la mirada fría como el hielo y el corazón marchito como la  más tierna flor... Miró al frente y apretó el gatillo. Desafiante se abrió paso entre los cuerpos que yacían sin vida. La caza había comenzado ¡Él era Dios!

No hay comentarios:

Publicar un comentario