Le
bese con ternura desmedida, con pasión mesurada
Le
dije; te quiero- contesto en él –yo también-
El
tiempo alargó el instante, la realidad se acunó en el sueño,
Mientras
la felicidad se balanceaba en el péndulo de mi delirio,
y la fantasía cruzaba veloz, cual rayo fulminante.
Mi
ávido anheló se coronó a la diestra del más allá,
Lo
miré extasiada, me perdí en su mirada imperecedera,
Detuve
el sueño, para cabalgar a lomos de los secretos de la inmortalidad
Bebí
del elixir de la muerte, desafié las leyes del cielo y la tierra,
Y
nos amamos hasta fundirnos en un fuego
perpetuo.
Nuestros
dos mundos, se abrazaron sin reglas y sin
dioses.
Apresamos
al sueño, comimos de la fruta prohibida del paraíso,
Y
unidos por las alas de un deseo insaciable de estar juntos
Desafiamos las leyes de la muerte y los
códigos de la vida
Para
estar juntos en los jardines del más allá…por siempre.
