Buscar este blog

martes, 11 de febrero de 2014

¡EL DESAFORTUNADO FOLIO!!!!

Allí, sobre la mesa del escritorio parecía un Dios. Desnudo,  impoluto, paciente y generoso me miraba con cara de deseo. Su sensual disposición me invitaba a satisfacerlo. Lo miré con picardía. Me hice la remolona e intenté no pensar en él. Todo fue inútil. Volví a mirarlo por el rabillo del ojo. Como era natural no se había movido, seguía tan disponible y zalamero como al principio. Intenté pensar cómo complacerlo. Mi bloqueo era total.  Pasaron  diez minutos, cuarenta,  ochenta, cien, Nada. Las ideas se habían suicidado  saltado por la ventana. Volví a  echarle un vistazo, su cara de decepción era un poema. No aguante más.

Furiosa conmigo misma comencé a descargar mi ira sobre su cara  de desilusión. Mis manos apretaron su cuerpo con rabia. Lo insulté, lo zarandeé y empecé a estrujarlo y estrujarlo  hasta conseguir una bola amorfa y desechable… y lo lance con fuerza contra el cristal de la ventana.

LA TORMENTA


Abrí las entrañas de mis recuerdos, para rescatar a una niña asustada, que sentada a lomos de una burra se aferraba fuertemente a su hermano, bajo un cielo cubierto de nubes que corrían enloquecidas.
Mi madre arreaba al animal, bajo la sospecha que el cielo descargaría rayos y truenos. En previsión, tapó las orejas del animal con unos sacos (atraería a los rayos). Mientras tiraba de la burra rezaba a Santa Bárbara para que nos protegiera de la gran tormenta que parecía dispuesta a castigarnos.
Las culebrillas resplandecían en la tarde crepuscular. El primer trueno sonó como una bomba, el animal dio un respingo que casi nos tira. Nos bajamos y nos pusimos a caminar junto a mi madre. Era la primera vez que yo escuchaba gruñir al cielo con la potencia de un dragón enfurecido. La noche caía inmisericorde. El final del viaje parecía no llegar nunca. La lluvia comenzó a fustigarnos con dentelladas gélidas por todas partes. Los rezos de mi madre se convirtieron en súplicas. Un rayo cayó sobre una encina partiéndola por la mitad. Yo imploraba a Dios que apaciguara a aquel dragón que seguía escupiendo fuego por la boca. El barro se convirtió en verdugo y el viento en aliado, éste comenzó a soplar con una fuerza huracanada y consiguió que aquel dragón furioso volviera a su guarida. Sentí que mi súplica había sido escuchada por aquel Dios lejano, y que aquel anochecer parecía haberse hecho niño para escuchar nuestras súplicas.



domingo, 2 de febrero de 2014

"CARNE DE CAÑÓN"





Pero esta vez ella lloro al ver que  llegaba  demasiado tarde.  Vi, cómo  por sus mejillas marchitas se deslizaban las lágrimas, y, cómo la Luna se posaba sobre su arrugado rostro, marcado por las líneas de la impotencia, y vi, como un sudor  perlado maquillaba su rictus de dolor  como estrellas plateadas. Y, cómo la entristecida noche la envolvía entre las marañas del desconsuelo, y, cómo su  miraba se perdió más allá de aquel callejón solitario, mientras yo me perdía en la nebulosa de la noche cerrada del polvo blanco, y, también  percibí un tierno y último abrazo. 

CARTA DE AMOR





Pasa el tiempo y tú ausencia sigue siendo una losa inquebrantable.
 Todo me parece más grande, más frío, más silencioso, más sin sentido, más extraños.
Los días son lentos y a la vez muy rápidos. Mi vida se paró esa mañana de otoño que lloró conmigo tu inesperada marcha. Aunque aprenda a vivir (que lo haré) en mi alma  siempre habitará el frío otoño.
Desde que tú no estás, hay  días que me gustaría tener  puertas en los ojos para poder cerrarlas y no mirar el inmenso  cielo azul, con sus largas tardes, con sus múltiples flores, con  sus variables olores, con el canto de los pájaros.  Digo miro, porque desde que tú, no está, sólo “miro”, Contigo, todo era diferente. Contigo, vivía cada instante, cada segundo, cada minuto... vivía siempre.
Ahora, me pierdo fácilmente en la negrura de tu perdida y el la grisácea túnica de la melancolía  La tristeza se ha instalado en mi pecho como un puñal y embarga mis días. Las noches me acurrucan al sonido de la añoranza mientras, todos mis poros están abiertos al ayer perdido y  hambrientos de la felicidad perdida. Siento la languidez de mi alma, sus fisuras, su quebranto, su  total desnutrición. Abatida espera a una nueva primavera, donde quizás, sólo quizás, pueda volver a  renacer.  Mi corazón  antes devorado  por tu fuego, ahora, sólo es invierno cubierto de escarcha. Un amplio abanico de nubes negras, amenazan con escupir una lluvia de lágrimas negras, sin dejar paso al arcoíris de la siempre incitante ilusión qué, aburrida de esperar  parece haberse suicidado saltando por la ventana de nuestros sueños incumplidos.
 Hoy,  me ha despertado  el aullido de la nueva primavera que  ha aparecido exuberante. ¿Recuerdas los gorjeos de las golondrinas en nuestro balcón? Hace cinco años que no han vuelto, los mismos que hace que tú ya no estás conmigo. Sus nidos siguen fieles aguantando las inclemencias del tiempo, con la esperanza que algún día vuelvan para habitarlos. Mi nido sin ti, es una mansión donde las extensas alas del silencio abanican cada rincón  de mi alma.   
Un silencio mullido de sombras, donde grito tu nombre y por respuesta me responde el mismo silencio.  Un silencio que me hiela la sangre…Un silencio solidario que me empuja a  fabricar sueños y poesías. Y, entonces,  me atrevo. Abro la puerta de esa habitación llamada ausencia y traspaso el umbral y quiero abrazarte y me doy cuenta  qué, en el …sólo  existe el silencio.
Y vuelvo a preguntarme qué, ¿Por dónde empiezo? sabiendo que tú ya no estás, tú que eras mi aire para respirar,
Brisa suave que me acariciaba, lluvia que empapabas mi vida de amor,  el color de mis días grises de mis noches oscuras, alegría de mis sentidos, de mi alma, de mi razón, de mi locura y  de mí cordura.
¿Dónde te has ido?
 Donde encontrar tú sabor, tú olor,  tú  risa, tú alegría. Mis días claros y azules, azules como el cielo. El  cielo que tú y yo mirábamos, para descubrir en la luna el reflejo de nuestra felicidad, de nuestros anhelos y nuestros sueños…
¿Por dónde camino? si todo me lleva a ti. Todos buscamos una meta,  desde que te conocí supe que mi meta eras tú. Contigo he vivido todo los sueños que hacen que la vida sea…vida.
Pero  ¡Aquí sigo!
Como ayer, igual que hoy, como siempre, sentada en nuestro patio, observando, recordando, dejándome acariciar por  el viento, el mismo  viento que besó tu rostro y acarició tu pelo.
 ¡Si aquí sigo! 
Por ti, por nuestros sueños, por los dos, viendo  amanecer, sin rumbo, sin  horizonte, buscando un punto, donde tal vez tus ojos un día fijaron su mirada. 
Triste, esperando la hermosa puesta del sol, para que absorbe mis lágrimas, con su tenue y suave resplandor.
De pie mirando el cielo y las estrellas, hechizada por la luz de la luna que me sonríe, cautiva de tus palabras.
Llorando un te quiero, gritando un te amo, esperando un regreso, soñando un reencuentro.
¡Aquí sigo! salvando el leve espacio qué cruza por mi lado de puntillas e inmisericorde, sin, apenas mirarme, sin apenas rozarme… aun fiel.
Aferrada a la locura que, se encarga de hacer de lo irreal…algo real…
¡Aquí sigo!, una noche más…aunque tú nos éstas…aunque eres lo intocable…lo prohibido…lo imposible…aun así…de mi alma llueven recuerdo…brotan poesías…sólo para ti.
Para transformar esa cruel frase “aunque tú no lo sepas” por “para que siempre lo sepas” ¡Si, aquí sigo, por ti, por la vida, SIEMPRE.