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miércoles, 27 de enero de 2016

¡¡1ª TRAIL SIERRA DE MARÍA ANDRÉS!!


El día nos regalaba una apacible y hermosa mañana. La salida fue un chute de adrenalina, para los que corríamos por primera vez. Con el afán de superación como zapatillas, y la ilusión por bufanda, emprendimos la carrera. Que decir que al ver a tanto atleta bien entrenado y veteranos en este deporte, un ¡ Oh madre mía! se escapó de nuestros labios, junto a un amago de miedillo. La sierra lanzaba el guante y nosotros lo recogíamos como valientes.  El  duelo se comenzó a olfatear por la sierra. Ella poderosa y desafiante, nosotros con el afán de superación como patria. La sierra respiraba a pleno pulmón,  y nosotros nos contagiamos de su pureza y  el miedo y los complejos se evaporaron como por arte de magia. Un suave y afectuoso viento, nos acompañó durante toda  la ruta. La madre naturaleza se mostraba ante nosotros espectacular, generosa y desnuda. Como una madre amorosa, nos ofrecía sus extensos brazos maternos. Los  almendros habían adelantado su floración y nos saludaba, al igual que una joven damisela enamorada.  Elegante, orgullosos y, vestido con sus recién  estrenadas jalas florales. Todo iba más o menos bien, de pronto,  nos salió al encuentro una presuntuosa pendiente que, altanera vomitaba toda su bilis. Era hermosa, y también despiadada en su crudeza. Bella y bestia.  La jodida,  hizo bien su trabajo. El ritmo  de los participantes cayó en picado y ella, burlona, sonreía satisfecha. Como jabatas  tuvimos que recurrir a esa fuerza interior que siempre se mantiene alerta en nuestro interior. La sierra enseñaba sus tripas  y nosotros nos adentramos en ellas, cansadas, pero dispuesta a vencerla y dejarnos camelar por su encanto.  Las encinas se balanceaban al ritmo del viento. Los participantes iban dejando su huella.  La madre naturaleza sonreía  agradecida,  por el respeto que hacia su hábitat  mostraban todos los participantes. En medio de aquel silencio reconfortante, nos dejamos enamorar por su entorno y recobramos fuerzas.  Un camino menos angosto y menos bravo, nos recibió amablemente. Con las pulsaciones a mil” y los pies pidiendo clemencia, saltear charcos fue con lo único que pudimos acallarlos. Entre charco y llano, llegamos a un cruce, donde unos jóvenes de entre tantos que ha ayudado, nos ofrecieron algo dulce para reponer fuerzas. Un olé por todos ellos. Bueno ya faltaría poco me decía. Tengo que confesar, que nunca había ido por allí. Imperdonable.
Respingamos al ver, que otra subida nos saludaba.  Ésta era solo peleona. Como mejor pudimos la subimos. Al llegar a la cima, “ subidón". Ya faltaba menos, después de admirar  el bello paisaje y respirar atropelladamente; La bajada.  Fue brutal. Las rodillas gritaban descanso. Pero las ganas de terminar  dignamente la carrera, fue una mordaza contra sus justas quejas.
Justo al acabar la bajada, otros jóvenes, nos esperaban para  animarnos y mostrarnos su solidaridad.  La deseada pregunta ¿cuánto queda? Dos kilómetros, ¡esta chupado! Decían, vitoreando. Fantásticos dando ánimo.  Verdad o mentira,  fue  un impulso para recuperar las fuerzas.
Por fin llegamos a Santa Lucia, señal honorífica, de que el final de la carrera estaba cerca. Adrenalina a raudales. Un pensamiento, Un homenaje y una poesía en mi corazón. Lo demás no importa, primero o último da lo mismo, lo importante; participar. ¿ carrera o hazaña?