VIOLENCIA DE GÉNERO
Eloísa
no pudo evitar un escalofrío al llegar frente a la puerta del despacho. Único testigo
mudo del calvario de una joven inocente a merced de una mente enferma. Se imaginó a Raquel indefensa ante aquel
monstruo vestido de seda fina y falsa sonrisa. Disfrazado de buen padre, de fiel
esposo y de apuesto galán.
Dirigió
su mano hasta el pomo de la puerta de pronto
su mano quedó suspendida en el aire. Misteriosamente la hoja de madera cedió sigilosamente como si la estuviera invitando a que ella entrase. Un escalofrió le recorrió todo el
cuerpo. Entró muy despacio, como si temiera que el fantasma de Raquel la
estuviera esperando para hablar con ella. El recuerdo de la joven cobró vida en
su mente. Eloísa se lamentaba, de no
haberse dado cuenta de la doble cara de aquel refinado hombre, que cada día
había visto llegar con con piel de cordero y con garras de león, dispuesto a devorar a su
presa.
La
sangre de la pared y la moqueta, estaban secas,
tan secas como la vida de Raquel. El aire estaba impregnado del sabor de las lágrimas
derramadas por su víctima. La puerta había permanecido precintada, igual que la
sonrisa de todos los que allí trabajaban. El suceso había conmocionado a todos.
Eloísa meneó la cabeza para ahuyentar los malos recuerdos y se dispuso a refregar
las manchas de sangre. Para deshacerse de su aprensión comenzó a canturrear una
canción. A medida que frotaba, inconscientemente
la rabia se fue apoderando de ella con la fuerza de un huracán. Frotaba y frotaba
cada vez con más ira, su memoria comenzó
a revivir el momento en que se enteró de la noticia.
Sentada
frente al televisor devoraba un gran filete de ternera, sin prestar demasiada
atención. “Buenas tardes hoy nos hemos despertado con otro nuevo caso de violencia
de genero, el ilustre abogado D. Julián
Garrido del prestigioso bufete de abogados S.L a segado la vida de su
secretaria con un abrecartas. Se llamaba Raquel Mecías… “Eloisa se quedó
petrificada, sintió las arcada en el estómago y corrió al baño a devolver el trozo de filete que se había
comido.
Hacía dos años que trabajaba limpiando aquellas oficinas. D. Julián era muy
agradable y cercano, siempre tenía palabras atentas hacía ella. Estaba
casado y tenía dos hijos. Todos los días
llegaba puntual a su trabajo. Con
maletín en mano, zapatos de
marca, pelo engominado, traje y corbata
parecía un príncipe sacado de un cuento de hadas del siglo XX. Era el típico hombre que toda mujer desearía
tener por compañero.
Ese fatal
día del suceso hacía un frío de mil demonios. Ese día, Eloísa tenía cita con el
médico y había pedido ir una hora antes para hacer lo imprescindible e irse enseguida.
Al llegar al rellano de la escalera le
extrañó ver a Raquel tan temprano. . Estaba
nerviosa, muy seria y paseaba sin cesar
por el pasillo. Raquel, era una muchacha humilde, que a base de mucho
esfuerzo había logrado sacar la carrera
de empresariales. Con una presencia envidiable, trabajadora y simpática. Me fui
directa hacia ella para preguntarle si
le pasaba algo, de pronto la voz de D. Julián
se anticipó -¡buenos días! Raquel no parpadeó, su cuerpo pareció encogerse dentro del abrigo. Él con tono afable se
dirigió y me dijo: -¿Parece que hoy has madrugado? Le contesté -¡tengo cita con el médico¡ -¡espero
que no sea nada importante! contestó él muy solícito mientras pulsaba el botón
del ascensor. Eloísa miró a Raquel que estaba pálida como una estatua de cera. D.Julián la
miró de arriba a bajo y le dijo:- ¿vienes? Raquel me miró con ojos suplicantes,
dudó un momento y al final entró en
silencio. Yo observaba desconcertada la escena sin entender nada de lo que sucedía.
Una idea descabellada cruzó por mi mente; por un momento me pareció como si la muchacha fuera al matadero. Me di con la
mano en la frente ¡tendría que dejar de ver películas de misterios!. Como podía
pensar que… D.Julián, era un hombre casado
y bien casado. Enseguida me arrepentí de tener aquellos macabros pensamientos,
aunque nunca se sabía dónde saltaba la liebre, como decía su madre. Se olvidó del
asunto y terminó enseguida. Se puso el abrigo y salió pitando. Sólo diez
minutos después de que ella se marchara habían bastado para cortar la vida de
una persona llena de ilusión y ganas de vivir. Mientras recordaba no había
parado de refregar con fuerza. El escozor en las yemas de los dedos la devolvió
a la realidad. Las tenía en carne viva y le sangraban. Los dedos parecían tener vida propia y la sangre que fluía
parecía tinta. Se acercó a la pared y
como poseída por el fantasma de Raquel comenzó a escribir con los dedos
ensangrentados.
¡No más muertes! ¡Luchemos unidos para vencer
toda clase de violencia!
Con
los dedos sangrando bajó las escaleras, las gotas de sangre caían misteriosas, sin
producirle dolor alguno. Salió a la calle con la sensación de haber cumplido los deseos
de Raquel. El viento le soplo en la cara
y le pareció que le susurraba un suspiro en forma de caricia suave. Respiró
hondo, tan hondo que sintió a sus pulmones darles las gracias. Se unió a las
miles de personas que iban de un lado para otro preguntándose -¿quiénes de
ellos eran los verdugos y quienes serían las próximas víctimas?.
Hay mil formas de
gritar ¡no más violencia! Hoy mi grito lo alzo
a través de éste mensaje.
LA VIOLENCIA ES UN
CÁNCER
¿Cómo
describir la violencia? a mi no me salen
las palabras sencillamente porque no se escribir. La violencia sólo rima con miedo, con dolor, con amargura, con desolación, con caos, con una vida
congelada, de sentimientos marchitos, de lágrimas negras. Negras como las vidas de todas
las víctimas teñidas de oscuridad y tinieblas. Mujeres que son esclavas de las horas, de los minutos y de los
segundos, que tienen que pasar bajo el mismo techo de sus verdugos. El miedo
las corroe como una carcoma
que silenciosamente les va corroyendo
todas sus ilusiones. Muchas se ven condenadas a vivir bajo el yugo
de sus maltratadores por falta de recursos y por no tener un sitio donde vivir. Todas las víctimas tienen grabadas en el alma
y en su piel el látigo de la humillación. Sufren en silencio, en secreto, esperando
un cambio que nunca llega y que cuando
llega ya es demasiado tarde. Ese cambio lo decide un arrebato de cólera, un ataque
de celos, una mente enferma o simplemente un “me voy, no aguanta más” Las tardías palabras que tanto le ha costado pronunciar,
despiertan en su maltratador al ogro cruel llamado violencia que lleva dentro.
Emerge con una fuerza brutal a la
superficie y devora al ser racional. Entonces ese ser humano se convierte en un
animal sin entrañas y decide “que con él o con nadie”. En un instante destruye
una vida, como si se tratara de una muñeca de trapo, sin remordimientos, sin
corazón, sin sentimientos. Ciego, poseído sólo por la violencia, sin darse cuenta que desde el pasillo unos ojos de
niños miran horrorizados la escena que marcará para siempre su vida.
La
violencia está camuflada debajo del
disfraz de un buen padre, de un refinado
señor con piel de cordero, pero con garras de león, en el apuesto galán vestido
de seda fina y sonrisa en los labios, del pobre, del rico. La violencia, genera más violencia. Quitar una vida, es el acto
más salvaje y despreciativo de un ser humano. Fomentemos los buenos
gestos, las buenas costumbres, los valores, utilicemos nuestro ser racional
para combatir los malos hábitos que generan violencia Evitemos las peleas y los insultos innecesarios, respetemos a todos
por igual, HOMBRE O MUJER, cuidemos
de nuestros campos, de nuestros mayores, de nuestro patrimonio. Tomemos el
control de nuestros actos antes de que sea demasiado tarde.
Aquí,
ahora, en nuestra casa, en la calle, en nuestro pueblo. Rechacemos toda clase
de violencia, enterremos para siempre la
violencia de género.
Utilicemos
nuestra voz, no para insultar, ni para humillar.
Alcémosla
todos juntos para gritar fuerte, muy
fuerte, hasta quedarnos sin voz.
“NO MÁS MUERTES, LUCHEMOS UNIDOS PARA VENCER TODA
CLASE DE VIOLENCIA”
Hay mil formas de gritar ¡no más violencia!
Hoy mi grito es a través de este pequeño
mensaje.














