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lunes, 8 de julio de 2013


¡¡COMO DECÍAMOS AYER!!!


 María, seguía presente en la vida de Manuel, en sus sueños, en su día a día, en sus proyectos.  Había construido un nido en su corazón con  todos sus recuerdos. Lo había llenado con los gestos de su María, con todas sus palabras, sus besos y caricias. Manuel, sabía qué allí, el tiempo no le arrebataría su ayer. Por qué él, lo alimentaría  con los sueños actuales, los poblaría de ilusiones y risas. Los regalaría con poemas y versos… y cada atardecer le ofrecería las puestas más hermosas de sol. Por qué para él, su recuerdo sería un canto a la vida.  Tú y yo siempre María.




¡ RETAZOS DE VIDA!!!



Montada sobre platero,  inventé nombres, doté de alas a los sueños,  viajé en una capsula qué me llevo hasta mis primeras memorias, sobre la bicicleta del panadero y sobre la del afilador, buceé en el misterio del Guernica. La sabiduría de Chuang Tazu  durmió en brazos de la siesta, contagiándose  de poemas, versos, metáforas, refranes, recreos y, sobre todo de  experiencias dotadas de vida propia. La emoción  embargó mi alma, con cada historia de la radio.  En la papelera eché los prejuicios,  los tramposos,  los cadáveres, al hombre del saco,  los zapatos viejos y… todo lo que impide al hombre ser feliz. Besé los labios de Gloria, con pasión. Con la mirada inquieta, y congelada  subí por las escaleras de la vida, intentando dar una vuelta de tuerca. Sobre la piel un imperdible,  un recuerdo,  una frase, un deseo ...   hoy siempre será el reflejo  maravilloso del ayer perdido.



¡ LA PAPELERA!! 






Todos miraban a aquella  mujer de edad avanzada qué, con tanto empeño  rebuscaba dentro de la papelera. Ajena a las miradas, revolvía y revolvía como un ladrón en busca de un tesoro. ¡¡ Siiiiiiiiiiiiiii! El grito de júbilo de la mujer alertó a los curiosos que la miraban sorprendidos y sin  comprender tanta euforia. La mujer miró al cielo en señal de un aleluya. Sobre  su pecho apretaba con fuerza  un libro manchado de golosinas Después, como una colegiala se fue bailando por la calle de la esperanza, cruzó las esquinas de la ilusión, saludo a la avenida de las fantasías hasta llegar a la mansión de los sueños. Y, allí, sentada en el oasis  de sus aposentos,  volvió a sentir la magia de la vida. Comprendió, qué la historia de su  vida aún tenía demasiadas páginas en blanco y qué, debía rellenarlas de sueños nuevos.  

 





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