¡¡COMO DECÍAMOS AYER!!!
María, seguía presente en la vida de Manuel, en sus sueños, en su día a día, en sus proyectos. Había construido un nido en su corazón con todos sus recuerdos. Lo había llenado con los gestos de su María, con todas sus palabras, sus besos y caricias. Manuel, sabía qué allí, el tiempo no le arrebataría su ayer. Por qué él, lo alimentaría con los sueños actuales, los poblaría de ilusiones y risas. Los regalaría con poemas y versos… y cada atardecer le ofrecería las puestas más hermosas de sol. Por qué para él, su recuerdo sería un canto a la vida. Tú y yo siempre María.
¡ RETAZOS DE VIDA!!!
Montada sobre platero, inventé nombres, doté de alas a los sueños, viajé en una capsula qué me llevo hasta mis primeras memorias, sobre la bicicleta del panadero y sobre la del afilador, buceé en el misterio del Guernica. La sabiduría de Chuang Tazu durmió en brazos de la siesta, contagiándose de poemas, versos, metáforas, refranes, recreos y, sobre todo de experiencias dotadas de vida propia. La emoción embargó mi alma, con cada historia de la radio. En la papelera eché los prejuicios, los tramposos, los cadáveres, al hombre del saco, los zapatos viejos y… todo lo que impide al hombre ser feliz. Besé los labios de Gloria, con pasión. Con la mirada inquieta, y congelada subí por las escaleras de la vida, intentando dar una vuelta de tuerca. Sobre la piel un imperdible, un recuerdo, una frase, un deseo ... hoy siempre será el reflejo maravilloso del ayer perdido.
¡ LA PAPELERA!!
Todos miraban a aquella mujer de edad avanzada qué, con tanto
empeño rebuscaba dentro de la papelera.
Ajena a las miradas, revolvía y revolvía como un ladrón en busca de un tesoro. ¡¡
Siiiiiiiiiiiiiii! El grito de júbilo de la mujer alertó a los curiosos que la
miraban sorprendidos y sin comprender
tanta euforia. La mujer miró al cielo en señal de un aleluya. Sobre su pecho apretaba con fuerza un libro manchado de
golosinas Después, como una colegiala se fue bailando por
la calle de la esperanza, cruzó las esquinas de la ilusión, saludo a la avenida
de las fantasías hasta llegar a la mansión de los sueños. Y, allí, sentada en
el oasis de sus aposentos, volvió a sentir la magia de la vida. Comprendió,
qué la historia de su vida aún tenía
demasiadas páginas en blanco y qué, debía rellenarlas de sueños nuevos.



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