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viernes, 31 de enero de 2014

¡ HERIDA DE GUERRA!





Marta se levantó de la cama.  Fue a la ventana, la abrió y respiró profundamente. El aire helado de la mañana despejo  los  fantasmas de la noche.  Desde la desaparición de Manuel, se sentía cómo un soldado herido, qué sólo deseaba volver a su hogar perdido. Ahora, la vida de Marta se parecía a un campo de batalla. En su hogar se había instalado un silencio que gemía y gritaba.  Un silencio  poblados de recuerdos que, cómo bombas  estallaban en su mente en formas de deseos imposibles. Su paz dejó de existir desde que Manuel  ya no estaba.  Manuel era su hogar.  
Mientras cavilaba, sus ojos tropezaron con su vieja libreta.
La abrió. Las lágrimas  vertidas sobre el papel  habían formado un inmenso borrón que parecían  cadáveres.
Entre las faltas de ortografía, aún se podía leer algunos versos  e historias sin finalizar.  Pensó en la guerra, qué,  desde hacía tiempo se había ido  fraguando en su mente. Hada y duendes que deseaban  mostrarle un mundo  de ilusión y fantasía, con nuevos  atardeceres y nuevas primaveras.  Necesitaba  salir de aquel mundo  en blanco y negro. Volvió a mirar al papel,  éste, parecía sonreírse. No quiso defraudarlo.  Calló rendida a sus pies.  Le ofreció su imaginación y se entregó a la magia de la escritura. Poseída por un espíritu bienhechor, escribió y escribió hasta completar  el libro que marcaría el ritmo de su nueva vida.   Por fin, el soldado había vuelto a casa sin enloquecer en medio de la sinrazón de tanta barbarie.