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lunes, 25 de noviembre de 2013


VIOLENCIA DE GÉNERO



Eloísa no pudo evitar un escalofrío al llegar frente a la puerta del despacho. Único testigo mudo del calvario de una joven inocente a merced de una  mente enferma.  Se imaginó a Raquel indefensa ante aquel monstruo vestido de seda fina y falsa sonrisa. Disfrazado de buen padre, de fiel esposo y de apuesto galán.
Dirigió su mano hasta el pomo de la puerta de pronto  su mano quedó suspendida en el aire. Misteriosamente  la hoja de madera cedió sigilosamente como si la estuviera invitando a que ella entrase. Un escalofrió le recorrió todo el cuerpo. Entró muy  despacio,  como si temiera que el fantasma de Raquel la estuviera esperando para hablar con ella. El recuerdo de la joven cobró vida en su mente. Eloísa se lamentaba,  de no haberse dado cuenta de la doble cara de aquel refinado hombre, que cada día había visto llegar con con piel de cordero y con  garras de león, dispuesto a devorar a su presa.
La sangre de la pared y la moqueta, estaban  secas, tan secas como la vida de Raquel. El aire estaba impregnado del sabor de las lágrimas derramadas por su víctima. La puerta había permanecido precintada, igual que la sonrisa de todos los que allí trabajaban. El suceso había conmocionado a todos. Eloísa meneó la cabeza para ahuyentar los malos recuerdos y se dispuso a refregar las manchas de sangre. Para deshacerse de su aprensión comenzó a canturrear una canción. A  medida que frotaba, inconscientemente la rabia se fue apoderando de ella con la fuerza de un huracán. Frotaba y frotaba cada vez con más ira, su  memoria comenzó a revivir el momento en que se enteró de la noticia.
Sentada frente al televisor devoraba un gran filete de ternera, sin prestar demasiada atención. “Buenas tardes hoy nos hemos despertado con otro nuevo caso de violencia de genero, el ilustre abogado D. Julián  Garrido del prestigioso bufete de abogados S.L a segado la vida de su secretaria con un abrecartas. Se llamaba Raquel Mecías… “Eloisa se quedó petrificada, sintió las arcada en el estómago y corrió al baño  a devolver el trozo de filete que se había comido.
Hacía dos años que trabajaba limpiando aquellas oficinas. D. Julián era muy agradable y cercano, siempre tenía palabras atentas hacía ella. Estaba casado  y tenía dos hijos. Todos los días llegaba puntual a su trabajo. Con  maletín en  mano, zapatos de marca, pelo engominado,  traje y corbata parecía un príncipe sacado de un cuento de hadas del siglo XX. Era  el típico hombre que toda mujer desearía tener por compañero.
Ese fatal día del suceso hacía un frío de mil demonios. Ese día, Eloísa tenía cita con el médico y había pedido  ir una hora antes  para hacer lo imprescindible e irse enseguida.  Al llegar al rellano de la escalera le extrañó ver a Raquel  tan temprano. . Estaba  nerviosa, muy seria y paseaba sin cesar por el pasillo. Raquel, era una muchacha humilde, que a base de mucho esfuerzo  había logrado sacar la carrera de empresariales. Con una presencia envidiable, trabajadora y simpática. Me fui  directa hacia ella para preguntarle si le pasaba algo, de pronto  la voz de D. Julián se anticipó -¡buenos días! Raquel no parpadeó, su cuerpo pareció encogerse  dentro del abrigo. Él con tono afable se dirigió y me dijo: -¿Parece que hoy has madrugado? Le  contesté -¡tengo cita con el médico¡ -¡espero que no sea nada importante! contestó él muy solícito mientras pulsaba el botón del ascensor. Eloísa miró a Raquel que estaba  pálida como una estatua de cera. D.Julián la miró de arriba a bajo y le dijo:- ¿vienes? Raquel me miró con ojos suplicantes, dudó un momento y al final  entró en silencio. Yo  observaba desconcertada  la escena sin entender nada de lo que sucedía. Una idea descabellada cruzó por mi mente; por un momento me pareció como  si la muchacha fuera al matadero. Me di con la mano en la frente ¡tendría que dejar de ver películas de misterios!. Como podía pensar que…  D.Julián, era un hombre casado y bien casado. Enseguida me arrepentí de tener aquellos macabros pensamientos, aunque nunca se sabía dónde saltaba la liebre, como decía su madre. Se olvidó del asunto y terminó enseguida. Se puso el abrigo y salió pitando. Sólo diez minutos después de que ella se marchara habían bastado para cortar la vida de una persona llena de ilusión y ganas de vivir. Mientras recordaba no había parado de refregar con fuerza. El escozor en las yemas de los dedos la devolvió a la realidad. Las tenía en carne viva y le sangraban.  Los dedos parecían  tener vida propia y la sangre que fluía parecía  tinta. Se acercó a la pared y como poseída por el fantasma de Raquel comenzó a escribir con los dedos ensangrentados.
¡No más muertes! ¡Luchemos unidos para vencer toda clase de violencia!
Con los dedos sangrando bajó las escaleras, las gotas de sangre caían misteriosas, sin producirle dolor alguno. Salió a la calle  con la sensación de haber cumplido los deseos de Raquel. El viento le soplo en la  cara y le  pareció que le susurraba  un suspiro en forma de caricia suave. Respiró hondo, tan hondo que sintió a sus pulmones darles las gracias. Se unió a las miles de personas que iban de un lado para otro preguntándose -¿quiénes de ellos eran los verdugos y quienes serían las próximas víctimas?.  

Hay mil formas de gritar ¡no más violencia! Hoy mi grito lo alzo  a través  de éste mensaje.       

LA VIOLENCIA ES UN CÁNCER   

¿Cómo describir la  violencia? a mi no me salen las palabras sencillamente porque no se escribir. La violencia sólo  rima con miedo, con dolor, con amargura, con desolación, con caos, con una vida congelada, de sentimientos marchitos, de  lágrimas negras. Negras como las vidas de todas las víctimas teñidas de oscuridad y tinieblas. Mujeres que son  esclavas de las horas, de los minutos y de los segundos, que tienen que pasar bajo el mismo techo de sus verdugos. El miedo las corroe  como una  carcoma  que silenciosamente les va  corroyendo  todas sus ilusiones.  Muchas se ven condenadas a vivir bajo el yugo de sus maltratadores  por falta de  recursos y por no tener un sitio donde vivir.  Todas las víctimas tienen grabadas en el alma y en su piel el látigo de la humillación. Sufren en silencio, en secreto, esperando un cambio que  nunca llega y que cuando llega ya es demasiado tarde. Ese cambio lo decide un arrebato de cólera, un ataque de celos, una mente enferma o simplemente un “me voy,  no aguanta más”  Las tardías palabras que tanto le ha costado pronunciar, despiertan en su maltratador al ogro cruel llamado violencia que lleva dentro. Emerge  con una fuerza brutal a la superficie y devora al ser racional. Entonces ese ser humano se convierte en un animal sin entrañas y decide “que con él o con nadie”. En un instante destruye una vida, como si se tratara de una muñeca de trapo, sin remordimientos, sin corazón, sin sentimientos. Ciego, poseído sólo por la violencia, sin  darse cuenta que desde el pasillo unos ojos de niños miran horrorizados la escena que marcará para siempre su vida.
La violencia  está camuflada debajo del disfraz de un buen padre, de  un refinado señor con piel de cordero, pero con garras de león, en el apuesto galán vestido de seda fina y sonrisa en los labios, del pobre, del rico.  La violencia, genera más violencia.  Quitar una vida, es  el acto  más salvaje y despreciativo de un ser humano. Fomentemos los buenos gestos, las buenas costumbres, los valores, utilicemos nuestro ser racional para combatir los malos hábitos que generan violencia  Evitemos las peleas y  los insultos innecesarios, respetemos a todos por igual, HOMBRE O MUJER, cuidemos de nuestros campos, de nuestros mayores, de nuestro patrimonio. Tomemos el control de nuestros actos antes de que sea demasiado tarde.
Aquí, ahora, en nuestra casa, en la calle, en nuestro pueblo. Rechacemos toda clase de violencia, enterremos  para siempre la violencia de género.
Utilicemos nuestra voz, no para insultar, ni para humillar.
Alcémosla  todos juntos para gritar fuerte, muy fuerte, hasta quedarnos sin voz.
“NO MÁS  MUERTES, LUCHEMOS UNIDOS PARA VENCER TODA CLASE DE VIOLENCIA”

Hay mil formas de gritar ¡no más violencia! Hoy mi grito es a través de  este pequeño mensaje.



                                               


jueves, 21 de noviembre de 2013





¡FANTASMAS PRESENTES!



 ¡Sí papá!, pero y esa otra voz  que me  habla, que me envuelve hambrienta e insatisfecha. Esa espiral gigantesca llena de recuerdos  que se van perdiendo en una laguna negra, apenas soleadas por unos cuantos rayos de lucidez. Ángeles malheridos, desterrados, famélicos  bucean vengadores  entre mi presente y mi futuro. Las voraces entrañas del silencio observaban agónicas. Mientras, los fantasmas vagaban en las estancias de su yo ausente. ¡Sabes papá!  ¡Me encantan tus tostadas!



¡INFANCIA MARCHITA!

Y se durmió soñando que él también podía volar y  comer chocolate, y jugar al balón, y tener unos zapatos nuevos y…,  desterrar aquel ruido incesante y crónico que desde hacía tanto tiempo aullaba sin cesar en sus tripas, pero, sobre todo dormía añorando miles de deseos, en especial uno: vivir como un niño. Pues despierto siempre tuvo que  vivir como un hombre…


sábado, 9 de noviembre de 2013



! APARENTEMENTE!

Y nunca le recordaba lo que no se debía contar, pero…estaba aquella mirada,  gélida, insensible, acusadora. Siempre presente entre los dos, como un muro infranqueable.  Aquella mirada inquietante que solo podía desterrar  en la soledad de su dormitorio. Allí,  la culpa desaparecía. Allí, podía abrir las puertas de su libertad, desplegar  alas, como la más bella de las mariposas. Soltar las amarras de su secreto a voces. Allí, la almohada  enjugaba sus lágrimas y el silencio se poblaba de un mañana menos angustioso. Allí, un día más lograba vencer las ganas de volver a ser solo una crisálida   quizás mañana… quizás…










 !SUEÑO TÓXICO!  
 Me tomé el último sorbo de té. Su sabor amargo inundo  por completo mi paladar.  El crepúsculo aulló descarado sobre la ventana. Apagué el televisor. Con pasos inseguros me dirigí a la habitación. Torpemente me metí en la cama.  La bofetada de la realidad me dio la bienvenida de buenas noches.  Mi ya maltrecho insomnio invocó a  Morfeo, éste, corrió solicito  a mi llamada.  Me inyectó su  dulce veneno. Sentí su acción correr veloz por entre mis neuronas abatidas. Me entregué sin pudor. No reconocí su olor. Más tarde quise despertar pero ...no pude.







¡ MICROSEGUNDO!
Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, ella se tragó las náuseas  de la impotencia. Ante la escena, quiso llorar, pero no pudo. Quiso correr, pero se quedó inmóvil. Sólo suspiró.  Un suspiro que penetró  las profundidades de un encapotado cielo. El cielo miró y nada dijo.  La noche  seria, taciturna y muy canalla,  abrió su amplio  abanico de miserias. Febriles sombras bailaban fantasmagóricas.  Padre e hija se dejaron acariciar por la escurridiza suerte hasta más ver y caminaron en dirección a la supervivencia. Tras ellos, el viento silbó o  ¿tal vez gimió?  O ¿quizás no fue el viento?