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jueves, 21 de noviembre de 2013





¡FANTASMAS PRESENTES!



 ¡Sí papá!, pero y esa otra voz  que me  habla, que me envuelve hambrienta e insatisfecha. Esa espiral gigantesca llena de recuerdos  que se van perdiendo en una laguna negra, apenas soleadas por unos cuantos rayos de lucidez. Ángeles malheridos, desterrados, famélicos  bucean vengadores  entre mi presente y mi futuro. Las voraces entrañas del silencio observaban agónicas. Mientras, los fantasmas vagaban en las estancias de su yo ausente. ¡Sabes papá!  ¡Me encantan tus tostadas!



¡INFANCIA MARCHITA!

Y se durmió soñando que él también podía volar y  comer chocolate, y jugar al balón, y tener unos zapatos nuevos y…,  desterrar aquel ruido incesante y crónico que desde hacía tanto tiempo aullaba sin cesar en sus tripas, pero, sobre todo dormía añorando miles de deseos, en especial uno: vivir como un niño. Pues despierto siempre tuvo que  vivir como un hombre…


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