¡FANTASMAS PRESENTES!
¡Sí papá!, pero y esa otra voz que me
habla, que me envuelve hambrienta e insatisfecha. Esa espiral gigantesca
llena de recuerdos que se van perdiendo
en una laguna negra, apenas soleadas por unos cuantos rayos de lucidez. Ángeles
malheridos, desterrados, famélicos
bucean vengadores entre mi
presente y mi futuro. Las voraces entrañas del silencio observaban agónicas. Mientras,
los fantasmas vagaban en las estancias de su yo ausente. ¡Sabes papá! ¡Me encantan tus tostadas!
¡INFANCIA MARCHITA!
Y se durmió soñando que él
también podía volar y comer chocolate, y
jugar al balón, y tener unos zapatos nuevos y…,
desterrar aquel ruido incesante y crónico que desde hacía tanto tiempo
aullaba sin cesar en sus tripas, pero, sobre todo dormía añorando miles de
deseos, en especial uno: vivir como un niño. Pues despierto siempre tuvo
que vivir como un hombre…


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