Mela, siempre le fascinó aquella cápsula que sentía dentro de su cabeza llena de sueños y fantasías. Desde allí, había viajado a los lugares más extraños y misteriosos que existían. Había caminado por caminos hechos de lunas y de sueños.
Había visto tocar la flauta a
una rosa y, a un jazmín vestido de nácar, cantar un vals. Había bailado con duendes y mariposas. Se había columpiado en el sol mientras la
brisa la balanceaba. Había galopado a la grupa del viento y había jugado con
las nubes.
Aquella maravillosa cápsula que
la había llevado a los lugares más recónditos, ahora, agonizaba por falta de sueños
nuevos. Mela, necesitaba con desesperación volver
a entrar en sus mágicos aposentos. Llamó. Entró.
Lloró y... fascinada ante tantos sueños... decidió permanecer por siempre cautiva en aquel mundo de utopía ..…….
A LA GRUPA DEL SUEÑO.
Consciente del peligro había comenzado una cruzada consigo misma y en contra de las razones de la lucidez. Ciega y a la vez excitada, asumió los riesgos que suponía adentrarse en un mundo inédito y misterioso.
Cada noche, se colaba en aquel mundo lleno de fantasías. Sin fronteras y montada sobre la grupa de su delirio galopaba
sin miedos sobre el espacio y el tiempo ¡ Era su secreto! A Mela, cada vez le era más necesario ir en busca de
aquel mundo desconocido y lleno de magia que explotaba dentro de sus sueños. Allí,
encontraba el bálsamo para curar sus
heridas. Poblaba el desierto que sentía en sus entrañas, y saciaba la sed que
sentía por la ausencia del ser amado. Solo en aquellos extraños y peligrosos viajes podían
hacer realidad todos sus sueños.



