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domingo, 26 de mayo de 2013

FANTASÍAS




 

Mela, siempre le fascinó aquella cápsula que sentía dentro de su cabeza llena de sueños y fantasías. Desde allí, había viajado a los lugares más extraños y misteriosos que existían. Había caminado por caminos hechos de lunas y de sueños.
Había visto tocar la flauta a una rosa y, a un jazmín vestido de nácar, cantar un vals. Había  bailado con duendes y mariposas.  Se había columpiado en el sol mientras la brisa la balanceaba. Había galopado a la grupa del viento y había jugado con las nubes.

Aquella maravillosa cápsula que la había llevado a los lugares más recónditos, ahora, agonizaba por falta de sueños nuevos. Mela, necesitaba con desesperación volver a entrar en  sus mágicos aposentos. Llamó. Entró. Lloró y... fascinada ante tantos sueños... decidió permanecer  por siempre cautiva en aquel  mundo de utopía ..…….   



A LA GRUPA DEL SUEÑO.

Consciente del peligro había comenzado una cruzada consigo misma y en contra de las razones de la lucidez. Ciega y a la vez excitada, asumió  los riesgos que suponía adentrarse en un mundo inédito  y misterioso.


Cada  noche, se colaba en  aquel mundo lleno de fantasías. Sin fronteras y  montada sobre la grupa de su delirio galopaba sin miedos sobre el espacio y el tiempo ¡ Era su secreto! A Mela, cada vez le era más necesario ir en busca de aquel mundo  desconocido y lleno de  magia que explotaba dentro de sus sueños. Allí, encontraba el bálsamo para  curar sus heridas. Poblaba el desierto que sentía en sus entrañas, y saciaba la sed que sentía por la ausencia del ser amado. Solo en aquellos  extraños y peligrosos viajes  podían hacer realidad todos sus sueños.



domingo, 19 de mayo de 2013

LA SIESTA



Fabián, intentaba con todas sus fuerzas resistirse a la  imperiosa  llamada  de la que era su gran debilidad. Estaba  enamorado de ella desde siempre. Debido a ello, ya    había tenido más de una bronca con su mujer, pero no lo podía remediar; Él la adoraba. Su persistente acoso le relajaba, le producía un placer infinito y placentero. Era como  una droga, sí, era un adicto. Su reparador hechizo, su susurro, su armonía, sus caricias y  su lecho le encandilaban ¡Oh Dios! Era perfecta. Todos la cortejaban descaradamente, sin preámbulos, sin etiquetas y  sin horarios. Todos estaban enamorados de ella, caían rendido a sus pies… y pensando, pensando, un día más, Fabián, se dejó abrazar por  los encantos de la gran dama de la sobremesa: La  siesta.



¡ UN CADÁVER EXQUISITO!






Al quitarle el paño que lo envolvía aún le pareció más horrible. Los ojos abiertos y saltones le produjeron un escalofrío nauseabundo. Todos esperaban su reacción. Ella, miraba aquel cadáver feo y monstruoso con una arcada  contenida en la boca del estómago.  Intentó tocarlo, el repelús que sintió la echó para atrás. ¡Tienes que hacerlo! Le gritaban al unísono. En un alarde de valentía, cerró los ojos, contuvo la respiración y… sin pensarlo tomó el cuerpo negruzco y tieso…   y  se lo llevó a  la boca. Un crujir de huesecillos y un sabor ahumado en el paladar, fueron suficiente para desterrar  toda la repugnancia que había sentido momentos antes ¡nunca pensó que un saltamontes pudiera estar tan exquisito!   

miércoles, 15 de mayo de 2013

¡¡¡¡ UN DÍA MÁS !!!!!!!

  
Salí de mi casa con la mirada apagada, mirando al horizonte, viendo cómo un sol rojizo desplegaba sus brazos, que con el peso de las horas huiría. 
Llegué a un prado solitario, allí, escondidas, estaban las calles vagabundas de los sueños.
Las hojas bailaban al compás el viento. Mi sombra caminaba perdida y sombría.
A lo lejos se oía el sonido del agua de la ribera. Pensé en él, en todo lo que había perdido y en cuánto lo amaba. El  olor a otoño, lastimó mi corazón… una vez más.
Me senté en una piedra. Mis ojos se posaron en un alcornoque, éste parecía melancólico.
Mi pensamiento voló en busca de mi amado. Parecía que aquel afligido alcornoque  adivinara mi pensamiento. Entre sus ramas, creí ver su bello rostro. Un rostro etéreo como un viento fresco en un  cielo despejado.
Añoré una felicidad pérdida guardada celosamente en un rincón del alma, en las promesas no cumplidas y en los deseos aún por consumar.
 En medio de tanto desaliento, no fui capaz de alimentar mi esperanza y dejé que la melancolía se regodeara en el paladar de su ausencia.
Cuando me di cuenta, las sombras se  habían apropiado de la luz  del día. Una de mis manos rozó suavemente la ruda piedra, resquebrada por el tiempo, al igual que mi vida.
El mundo se mostraba ante mí, como una inmensa tabla de ajedrez en la que tenía lugar una eterna partida entre dos mundos. El real y  el de los sueños.
Me levanté del pedrusco, con la esperanza  jubilada. 
Mis pasos se disipaban por el crujir de las hojas. Las estrellas comenzaron a iluminar la bóveda celeste. El día moría y en mi  memoria siempre él, como el sueño  más remoto  y hermoso que me acompañaría siempre. La noche exhalaba  su aliento sobre mí,  y yo… le entregaba mi vida entera.