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domingo, 19 de mayo de 2013

LA SIESTA



Fabián, intentaba con todas sus fuerzas resistirse a la  imperiosa  llamada  de la que era su gran debilidad. Estaba  enamorado de ella desde siempre. Debido a ello, ya    había tenido más de una bronca con su mujer, pero no lo podía remediar; Él la adoraba. Su persistente acoso le relajaba, le producía un placer infinito y placentero. Era como  una droga, sí, era un adicto. Su reparador hechizo, su susurro, su armonía, sus caricias y  su lecho le encandilaban ¡Oh Dios! Era perfecta. Todos la cortejaban descaradamente, sin preámbulos, sin etiquetas y  sin horarios. Todos estaban enamorados de ella, caían rendido a sus pies… y pensando, pensando, un día más, Fabián, se dejó abrazar por  los encantos de la gran dama de la sobremesa: La  siesta.



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