Al quitarle el paño que lo
envolvía aún le pareció más horrible. Los ojos abiertos y saltones le produjeron
un escalofrío nauseabundo. Todos esperaban su reacción. Ella, miraba aquel
cadáver feo y monstruoso con una arcada
contenida en la boca del estómago.
Intentó tocarlo, el repelús que sintió la echó para atrás. ¡Tienes que
hacerlo! Le gritaban al unísono. En un alarde de valentía, cerró los ojos, contuvo
la respiración y… sin pensarlo tomó el cuerpo negruzco y tieso… y se lo llevó a
la boca. Un crujir de huesecillos y un sabor ahumado en el paladar, fueron
suficiente para desterrar toda la
repugnancia que había sentido momentos antes ¡nunca pensó que un saltamontes
pudiera estar tan exquisito!

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