A veces nos
tropezamos con escena fascinante que se quedan en la retina y
las almacenamos en nuestra memoria como algo extraordinario. Comprobar que
una mágica niebla cubre todo el paisaje como en un cuento de hadas, te
hace pensar las maravillas de la madre naturaleza. Ver
como los jaramagos cubiertos del polvo del camino se lucen luminosos y
bañados en una seda algodonada, es admirable. Descubrir como en el cielo, un sol pugna por salir a combatir a una niebla que se muestra orgullosa es un
desafío. Es un duelo de titanes que luchan por mostrar su
poder. Observar como el sol avanza a
medida que la mañana se despierta y ver como lucha contra su adversaria es un espectáculo. Un
sol que avanza a pasos agigantados y convencido de que al
final ganara la partida. Un sol que
proyectas sus rayos en pie de guerra por
entre los olivos y demás floras del campo. La misteriosa dama; la neblina, comienza a
flaquear y a dar muestra de cansancio. El duelo es observado por una mañana
expectante y deseosa de mostrar a un bello día de primavera. Como una infatigable guerrera la dama gris se
resiste a seguir esparciendo su blanca seda perlada. Por un momento frené mi caminata para admirar a dos
caras opuesta de la naturaleza. Poco a
poco fui comprobando como el sol iba acorralando a una débil niebla, que solo
tenía fuerzas para reptar por entre las retamas y arrastrar los pies por una
alfombra de almíbar plateado. Miles de flores propias de una primavera se desperezaban altivas y dispuestas a mostrar su belleza. Los rayos del sol estallaban esplendorosos y preludiando a un
hermoso día de primavera.
