Allí estaba, sentado frente a ella como todos los días. Ella
callada como una muerta, inmóvil como una estatua, radiante como un día de
primavera, inaccesible como una estrella del firmamento…… Su mirada magnética
le provocaba una especie de hipnosis
inmisericorde. Un fuego incandescente le devoraba por dentro. Una
atracción diabólica se había apoderado
de su voluntad y de su alma.
Él, le había entregado su tiempo, su esfuerzo…su vida y
ahora, ella le exigía su alma.
Había pasado de ser amo a ser esclavo. No podía más. Tenía que poner fin a aquella
obsesión absurda.
La mujer sentada sobre el barril, le miraba impasible,
parecía burlarse de sus locos pensamientos. Alargó la mano y la atrapó. El roce
suave de su desnudez le provocó un
inmenso placer. Le regaló una última acaricia y una última mirada, después la apretó con sus manos y la arrojó con
fuerza por el balcón. Mientras miraba como su
gran obra maestra yacía en el
asfalto hecha mil pedazos…Su alma se estremeció

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