Con el pliego de papel bajo el brazo avancé
decidida como un robot programado. El reto se me antojaba infernal.
Solo un milagro podía abrir mi cegada mente. Como una autómata cogí las cuerdas de
ambos lados del pliego. Las até con
fuerza al alambre de la gran verja que rodeaba el parque. Miré al hada sobre el papel sin boca ni ojos. En su lugar
tres agujeros esperaban que alguien curara su ceguera. En el centro del cartel,
tres palabras:” ayudadme a soñar”. Me aposte tras la máscara. Mis
labios y mi boca quedaron fijados a las aberturas del pliego como por arte de magia. Desde
allí observaría la vida, hasta que la maquina inexistente de mi cerebro
volviera a resurgir y crear sueños nuevos.
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