Lo
vi por casualidad, Agazapado, taciturno y con la mirada triste. Envuelto en colores pálidos. Bostezaba entre
recuerdos y poesías. Acongojado por su retraso, rumiaba el sabor de la
impaciencia. Se pasaba las 24 horas despierto, hecho, que le hacía supurar una
constante apatía. Era consciente que a
muchos no les caía bien, aun así, Era su hora, su tiempo y estaba dispuesto a saltar
en cualquier momento sobre su adversario. Éste año estaba resultando
excesivamente pesado.
Últimamente la madre Naturaleza estaba un poco loca. Él
tenía mucho trabajo que hacer. Por un motivo u otro, todos lo esperaban
impacientes. Esparcir toda la nostalgia
que durante un año había acumulado, le encantaba, no lo podía remediar. Los
románticos lo adoraban y los campos le rendían pleitesía por su generosidad.
Sus
pinceles estaban a punto para colorear prados y
avenidas; tintar el paisaje de
hojas, granadas, membrillos y castañas; de tardes soñolientas, y de noches vestidas de recuerdos.
Se
desperezó y miró por entre sus legañas grisáceas, comprobó que su adversario
seguía allí. Malhumorado volvió a su posición, no antes de lanzar una bocanada
de su melancólico aliento.
Se
recostó resignado sobre su alfombra de
hojas y siguió a tejiendo sueños y
fantasías...sabiendo que muchos
esperaban su pronta y melancólica aparición.

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