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miércoles, 17 de diciembre de 2014

¡¡ EL INVIERNO NAVIDEÑO!!


Ésta vez había llegado impuntual, pero tan gélido como siempre.  Trayendo su aliento helado, su bilis seca… arañando almas solitarias. Arropado hasta los dientes, se pavoneaba altanero mostrando su poder.  Su gran capa ondeaba al viento, como señal de que él, era el dueño y señor de su estación.   Taciturno y desafiante miró a la mañana que, holgazana intentaba quitarse las legañas, debido seguramente a una mala noche pasada al raso. Las noches sin él gobernando, eran más cálidas y acogedoras.  Con él, las tiriteras eran frecuentes e incluso las estrellas perdían fuerzas.  Al señor Invierno, le gustaba  mostrar todo su poder e implantar su ley. El frío, la escarcha, la nieve, la lluvia, las heladas y los charcos, eran  sus esbirros… más predilectos. Durante su cese se pasaba los días enteros dormitando y muerto de aburrimiento en su habitáculo oscuro.  Cuando se hacía presente  sus interminables manos heladas y escuálidas, abarcaban cada palmo de su reino. Como soberano de su estación, dejaba su huella allá por donde pasaba. Le robaba horas al sol, para  regalárselas al negro crepúsculo. Imprevisible, le gustaba acortar el  día y hacer interminables las noches.  Su pasión favorita era dar órdenes sin cesar. Hacía rabiar al sol, que a regañadientes se tenía que ir a descansar más temprano de lo habitual. Cuando gobernaban  las otras estaciones, eran más generosas. Pero él, era el invierno y no pensaba desaprovechar su tiempo. Ahora… Él era el rey y tenían que acatar sus órdenes.  Él  sabía que no tenía el encanto de la primavera,  ni la pasión del verano o el glamour del otoño. Pero sabía, que solo él era poseedor  de la  más entrañable de las fiesta; La Navidad.  Era una fecha mágica. Durante esos días, hasta él se ponía sensiblero. Dejaba de dar órdenes y el cielo complacido dejaba caer finos copos de nieves que hacían las delicias de todos, en especial a los niños.  Por las noches las estrellas se vestían de gala para celebra la venida de la Navidad. Les reunía en torno al fuego y  junto al  crepitar de los leños, las historias surgían como por encanto. Las calles se vestían de luces y guirnaldas. La alegría y los villancicos armonizaban el ambiente y  la humanidad parecía calar en los corazones. El señor invierno anhelaba que  este año todo hubiera cambiado. Como gran espectador en estaciones anteriores, había observado como una gran mayoría de personas cerraba los ojos ante las miserias del mundo;  corazones rotos, personas bajo cartones, hombres y mujeres sin trabajo, niños sin chocolate ni pan… Personas que  dormían bajo las sábanas de la incertidumbre. Hombres y mujeres sin trabajo, sin ilusión ni esperanza, soñando despiertos con encontrar…un  mañana mejor.  Él todopoderoso invierno se enterneció y comenzó a llorar finos copos de nieve. Frenó a la gélida noche y templó un poco el corazón helado de la noche de Navidad… fijó su mirada en la estrella de David y pidió un deseo. Qué todo el  mundo tuvieran un hogar, un trabajo, un fuego donde calentarse, pan para comer y  mantas para arroparse…  Él también tenía corazón…   





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