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jueves, 16 de octubre de 2014

¡¡¡SUEÑOS LOCOS!!!!




Percibo mis de sueños  bucear  por entre el más absoluto de mis  silencios. Su aliento cálido y su abrumador coraje me  invitan a que venza el miedo en el que  los mantengo cautivos.   Las palabras pugnan por salir del  encierro a las que las tengo sometida. Siento mi respiración descompensada, aleteando al igual que una mariposa fustigada por una  corriente de aire contaminado. Lucha por sobrevivir.
Miro el reloj, aún es temprano.  En mi interior sé que sólo es una excusa para atrasar el momento de enfrentarme a ellos.  Sus voces me enloquecen. Todos quieren un puesto en aquella locura que vibra dentro de mí.
Sigo aturdida, sin saber dónde colocar a cada  personaje que gritan por salir a luz y salvarse de las tinieblas de mi parcela prohibidas, excepto   el viejo al que le hago un guiño. Su papel será corto.
 Hecho una ojeada a la mesa del escritorio, todo sigue igual que el día anterior. Los folios, el lápiz, un cenicero lleno de colillas y unas flores ya marchitas.  En mi cabeza los personajes esperan expectantes,  con los dedos cruzados y agazapados tras la puerta de mi indecisión y temiendo seguir presos en las sombras de mi cerebro.  Me  muerdo las uñas sin compasión, cómo quien está saboreando un rico manjar  debido a mis nervios.
  Los personajes están preparados,  yo diría que en pie de guerra, a la espera de poder ocupar  su lugar, en el hipotético  caso que decida darles una oportunidad,  ellos sólo quieren eso: una oportunidad.  Las palabras  parecen emergí, siento  las  ideas eufóricas y percibo cómo van formando un denso alfombrado de frases. En el aire  empiezan a  aparecer  hadas y duendes.
 Por fin noto a las ganas y la ilusión ganar terreno a mi  temido verdugo; el  maldito miedo.  Mi respiración se compensa. Dejo de morderme las pocas uñas que aún  me quedan.  Noto que el poder de mis sueños está renegando al temible miedo, ya casi esta fuera de combate.
  Subo las persianas. La luz termina de despejar por completo todos mis recelos. Miro la cara de satisfacción de las hadas. Un duendecillo muestra  una mueca de contrariedad,  algo celoso. Lo remedio enseguida dedicándole una tierna sonrisa.
Me siento en la silla. El paquete de folios palmotea relamiéndose  los labios. El bolígrafo taconea sobre la mesa. Pongo música, una de mis inspiraciones. Todo preparado.  Invoco a las musas. Abro la puerta de la mansión de mis sueños y voy colocando  a cada personaje en el lugar de su historia. Aquellos personajes que durante la noche se habían acurrucado a mi lado entre las sabanas, aquellos que lloraban desconsolados, ahora saltaban y bailaban  dentro de mi cabeza. Me siento, los coloco frente a mí y cómo en una partida de ajedrez les voy dando su puesto a cada uno.
Se mantienen silenciosos, esperando su papel, se conoce la historia al dedillo, ha sido testigos mudos de mi indecisión. Son fieles y acepta cada palabra impuesta, cada cambio imprevisible e incluso grotesco. Me  entrego a ellos en cuerpo y alma. Entonces se crecen y me murmuran  palabras, versos y alguna que otra estupidez. Oigo una voz potente que se abre paso  entre todos y  me grita  “sigue  soñando

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