La vida en pareja es un gran puzle que hay que ir componiendo día a día…..Nadie cree que sea un camino de
rosas… ni tan sencillo como deslizarse por un tobogán. Aunque también es cierto, que todos deseamos caminar a
sabiendas de que, a veces ese camino pueda transformarse en una gran autopista
suicida.
La vida en pareja es una construcción permanente de;
de miradas, de besos, de silencios elocuentes, de complicidad, de amaneceres
eternos, de mágicas puestas de sol, de sábanas cálidas, de mantas apasionadas,
de almohada con sabor a poesías, de palabras secretas, de risas, de helados, de
vino, de tostadas, de música, de sueños,
de juegos…cada instante es una pieza, que regenera savia fresca a la
relación. Una savia que renueva y nos aporta
la energía suficiente para luchar contra las adversidades, que encontramos en ese
ancho camino en pareja. Es el néctar que
mana de las cosas que juntos compartimos. A veces, muy a pesar nuestro, ese
camino se torna en una encrucijada. que nos pone al borde de un precipicio. En toda relación hay goteras... éstas, se subsanan
con las piezas del diálogo y el perdón.
Pero también puede llegar un aguacero glacial.
Cuando este llega, si el puzle no ésta bien
encajado, las piezas fundamentales caen y se fragmentan. Es cuando ese camino se convierte en una autopista
resbaladiza, llena de sinsabores y dolor. El desamor, es una posibilidad que
siempre va de la mano del todo poderoso
señor AMOR. Ante el miedo a perder ese horizonte,
tan nuestro, tan deseado y tan amado, comenzamos a deambular ciegos y sordos, bajo una lluvia
torrencial, gélida y tóxica. Sumidos en el desconcierto, recurrimos a abrir el
paraguas del “ya pasará” sin darnos cuenta que nuestros pies están encharcados,
helados y cansados. Intentamos recomponer las piezas caídas, pero ya no
encajan. Resistimos como Titanes, como gladiadores en la arena. Pero el aguacero sigue cayendo inmisericorde,
nos cala los huesos y nos empapa el alma. Nos sentimos débiles, incapaces de
pensar, que tras de ese nubarrón, el sol volverá a brillar y que sus rayos secaran nuestros pies mojados, nos acariciará el rostro y dará paso a otra oportunidad, que nos espera generosa
en algún recodo de ese camino ya seco, y despejado de nubes, para
descubrir nuevos sueños, bajo ese
cielo despejado de nubes negras. Sueños que esperan sedientos y ávidos para caminar junto a
nosotros, y volver a caminar con dirección…. A comenzar de nuevo…

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