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domingo, 16 de noviembre de 2014

EL DESEO DE SOÑAR


Noelia se fue a la cama tan pronto concluyó el crepúsculo. Una embriagadora emoción la mecía a flor de piel. Las sábanas acariciaron su cuerpo, los recuerdos adormecieron al alma. El cristal que separaba personaje de persona se había hecho añicos al retoque de los sueños.  Rayos de sol convertidos en frases, abrazos y palabras desprendieron  la capa de hielo que envolvía su corazón. La amargura huyó de sus labios para dar paso a una sonrisa amplia y generosa. Una corriente de gratitud fluyó por sus venas como un felino en celo tras la única hembra del lugar. Se durmió en brazos de Morfeo. La fantasía se coló hasta su cama y la acaricio hasta la llegada del amanecer. Esa noche la soledad fue desterrada por dos  duendes fantásticos y un  hada blanco como la nieve. Montados sobre la grupa de tres corceles blancos la invitaban a viajar junto a ellos. Viajó y viajó, hasta llegar al país, dónde los sueños se podían hacer realidad.     



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