Mujer que paseas en soledad, envuelta en la agonía,
Que navegas en un mar de ásperas incertidumbres,
Atrapada en un cielo sombrío que cubre tu infeliz vida,
En tu mirada, reposa el puño cruel de la muerte,
Y en tu paladar el sabor a sangre como próxima virgen.
En tu lecho, solo habita el miedo bajo sábanas frías,
Olor a cobarde, a
bofetadas, a moratones...a amo y
señor,
En tu alma, ya no hay risas, solo lágrimas partidas,
Te abrazas al calor de la humillación y de un incierto
mañana,
Y buscas en sueños,
una playa de arena fina… más tranquila.
El hombre que amabas… ha envenenado tus madrugadas,
Ahora, eres sinfonía amarga en un cielo de palabras malditas,
Inspiración trágica en una noche de niebla tenebrosa,
Rosa marchita, sobre un manto de hojas muertas,
Eres cuerpo malherido, corazón arrugado… que ya no siente
la vida…
¡Mujer quítate el vestido del miedo! ¡Las gafas del disfraz!
¡Desata tus ataduras! ¡Rompe tus cadenas! ¡Vuela
libre! ¡Vive!

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