Caminaba bajo un sol conquistador. Éste, con todo su
poderío trataba de esquivar, a algunas nubes que corría desaforadas por el
cielo. A medida que avanzaba, la
sensación de que alguien me seguía comenzó hacerme cosquillas en el estómago.
Miré a derecha e izquierda. Nada vi. Al principio
no le di importancia. Al cabo de un
rato, la sensación fue calándome con más fuerza. Cada vez estaba más convencida
de que dos ojos me vigilaban. Opte por
aligerar el paso. Nada. Mi sensación no remitía, al contrario, estaba
completamente segura que aquellos dos ojos
negros como la noche, me acechaban cada vez con más intensidad. Es más, creía
haber visto una silueta por el rabillo del ojo. De pronto los olivos y las
ramas, comenzaron una danza mortal, como
presagiándome un fatal destino reservado solo para mí. Todo parecía formar parte de un ceremonial
antes de sacrificar a su víctima. El miedo paralizó mis pies. Me volví
dispuesta a enfrentarme, a mi destino, o quizás a mi mala suerte.
Casi me doy de
bruces con ella. Ésta, parecía imitar
todos mis movimientos a la perfección, como si me conociera de toda la vida. La
certeza de que me conocía me asusto. Comencé una carrera desenfrenada, para así,
poder sacarle algo de ventaja. Corrí
como alma que lleva el diablo. Sentía su respiración caliente pegada en mi
nuca, como una sanguijuela que trataba de chuparme la sangre. Intente con todas
mis fuerzas deshacerme de ella. Solo fue una ilusión. Era astuta como una vil
zorra y cada vez que creía haberme deshecho de su persecución, ella bailaba a mí alrededor como una veterana
bailarina. Sentía su mirada sobre mis espaldas. Su risa burlona parecía resonar en mis oídos, como
una sinfonía falseada. A punto de la
extenuación, pare mi desenfrenada carrera. Mi corazón galopaba como un potro
salvaje. Ella me imito. Su aliento agitado era una reproducción idéntica al
mío. Un nudo en la garganta me impedía gritar. Las nubes se posaron
cubriendo de sombras al sol. Entonces mi sensación comenzó a remitir. Me volví
sigilosa sobre mi misma para comprobar, que todo había sido una mera fantasía. Respire intensamente. Sentí que mis pulmones
me lo agradecían, Aliviada, emprendí el regreso bañada en un sudor
pegajoso. Las nubes se encaminaban hacia otros lugares donde seguir haciendo su
deporte preferido; correr como locas. El sol volvió a sentarse en su trono.
Y de nuevo sentí tras de mí, aquella misteriosa dama envolviéndome de nuevo por completo. Al final caí rendida
ante aquella incansable y extraña señora, que discreta y solapadamente, siempre estaba a
mi lado como una fiel novia enamorada… ella era… Mí SOMBRA…

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