Mientras bostezo holgazana, él, con su luz cegadora me desea
los buenos días. Me empapo de su olor, de su esencia, de su ternura infinita. Un abanico de colores y sensaciones se abre paso ante mis ojos. Me dirijo a la cocina, él, me sigue como
una sombra. Me encanta ver su cara de asombro mientras preparo el
desayuno. Para él: café y tostadas, para
mí: zumo y crispís. Él, siempre en silencio, yo parlanchina como una cotorra;
que si ayer vi una película de terror, que si los rosales están floreciendo, que si los cerezos se han secado. Él, no parece
darle importancia, su rostro sigue tan hermoso e impoluto como un ángel. Yo
insisto ¡Ya sabes aquellos que nos cobijaban mientras nos besábamos!, al
contemplar sus ramas inertes, las lágrimas me han visitado. Él, me consuela. Yo
lo miro enamorada mientras acabo mi
desayuno, observo que el suyo sigue intacto. Nunca tiene hambre. Me preocupa.
Hace tiempo que lo noto ausente.
Me exaspera su mutismo. Quizás mañana suceda un
milagro y quizás tenga más apetito y más
ganas de hablar, ¡claro! pero solo quizás...
Debo ser yo, anoche soñé que ya no estaba conmigo,
un sudor frío perlaba mi frente ¡Dios que
angustia, ¡menos mal que sólo fue un sueño y gracias a Dios al despertar
estaba a mi lado, como siempre…
Claro que no me olvido de arroparme cada noche con
las mantas de su recuerdo y el suave roce del embozo de su sonrisa …sólo por si acaso me asaltan las pesadillas...

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