Siempre he sido una
navegante nata en este mar llamado vida.
Mis ilusiones han sido los remos para batirme contra las olas de los obstáculos que salían a mi paso. Durante un tiempo he sido una náufraga en un mar de dudas, despropósitos y desánimos. Olas gigantescas me han maltratado a su
merced con dentelladas secas y
despiadadas. Mi grito de
auxilio era sofocado por las impías aguas del silencio. Extenuada y al límite de lo razonablemente humano, por fin logré remontar en el bote salvavidas de la razón, donde el amor y la ternura me
tenían reservado mi sitio. Ahora, sobrevivo en una playa soleada, llena de paz,
donde los rayos del cariño me acarician, las olas de la esperanza me besan, los sueños me seducen y los recuerdos me visitan. He a aprendido a remar hacia otras playas desconocidas para mi. Pero nunca olvido llevar siempre…siempre… mis sueños a cuestas. Mi deseo es no volver a ser nunca más náufraga de esta vida.

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