Pude
distinguir muchas figuras garabateadas y un sinfín de despropósitos. Esta vez
iba dispuesta a comprender su significado, sentí como mi cuerpo me abandonaba
para quedar atrapada en el delirio del lienzo. Trozos de carne cubrían el
suelo. Gritos desgarradores clamaban una piedad desvanecida por un fuego
exterminador, devorador de toda suplica de esperanza. Se podía percibir la
furia, la barbarie y el horror. Sentí el dolor extremo de esa madre con su hijo
marchito entre sus brazos. Sus ojos secos mostraban la desolación y la crueldad
del sufrimiento. Siluetas fantasmagóricas pasaban a mi lado como almas en pena.
El sonido de la muerte alzaba su afilada espada victoriosa y dueña de la
locura. Comencé a arañar el lienzo que me mantenía presa en aquel infierno. La
paz agonizaba bajo las alas rotas de una paloma. La historia lanzó una flecha
envenenada sobre la villa de Guernica, y ésta se alojó en el corazón del
Tiempo.

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