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domingo, 18 de noviembre de 2012

El GUERNICA



Pude distinguir muchas figuras garabateadas y un sinfín de despropósitos. Esta vez iba dispuesta a comprender su significado, sentí como mi cuerpo me abandonaba para quedar atrapada en el delirio del lienzo. Trozos de carne cubrían el suelo. Gritos desgarradores clamaban una piedad desvanecida por un fuego exterminador, devorador de toda suplica de esperanza. Se podía percibir la furia, la barbarie y el horror. Sentí el dolor extremo de esa madre con su hijo marchito entre sus brazos. Sus ojos secos mostraban la desolación y la crueldad del sufrimiento. Siluetas fantasmagóricas pasaban a mi lado como almas en pena. El sonido de la muerte alzaba su afilada espada victoriosa y dueña de la locura. Comencé a arañar el lienzo que me mantenía presa en aquel infierno. La paz agonizaba bajo las alas rotas de una paloma. La historia lanzó una flecha envenenada sobre la villa de Guernica, y ésta se alojó en el corazón del Tiempo.
         

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