Las primeras palabras llegaron
a los oídos de Julia como dardos
envenenados: –“Lo sentimos, tienen 15 días para abandonar su casa”. Mientras aquel
hombre trajeado seguía hablando como un robot programado, la tragedia caló en la mente de Julia como gotas de ácido.
La voz llegaba a sus oídos como zumbidos lejanos. De pronto, una grotesca
sombra negra surgió de la nada y la engulló por completo. Cuando abrió los ojos, miró a su alrededor… El hombre
seguía en su puesto dispuesto a seguir degollando sueños y esperanzas. Derrotada
se dirigió a la salida. Una bofetada de aire frío le surcó el rostro. De repente pareció como
si muchas primaveras sin flor la hubieran triturado sin compasión. Con su mundo
desbaratado y la sonrisa congelada Julia deambuló sin rumbo
hasta que el crepúsculo comenzó a reptar por la ciudad …..
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