Liana, apenas tenían fuerzas para caminar. Un hombre de aspecto dudoso y maloliente, tiraba
de ella como si fuera animal. Al llegar
al punto de encuentro les esperaba un señor trajeado que la miró con lascivia. Su mirada le
traspasó como un puñal. Liana comprendió que ya era demasiado tarde para ella. Sin saberlo, se
había convertido en carne de cañón. Ingenua,
se habían embarcado en las mentiras de un
desalmado sin escrúpulos ni sentimientos. Ahora, aquel miserable la entregaba a un
mundo de miserias y de tinieblas. Su vida ya no le pertenecía. Fue un segundo eterno y nauseabundo donde
su inocencia quedó masacrada. Liana intuyó que había bajado al infierno y la habían postrado a los pies de Lucifer.
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