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jueves, 1 de noviembre de 2012



Leila observaba a las gotas de agua que caían suavemente sobre el cristal,
 TAC…TAC…  el sonido tintineaba en sus oídos en forma de vals. Las gotas parecían  bailotear  hasta fundirse las unas con las otras. Juntas corrían en busca de  alguna ribera.
Las  más cobardes resistían a duras penas sobre el cristal, resignadas para ser tragadas por el fango o a ser devoradas por por las alcantarillas.
Leila envidió a las gotas  que  corrían presta en busca de nuevos sueños. Su alma regada por gotas  amargas se estremeció.   Y, con el TAC, TAC…soñó que  se unía a ellas, que  bordeaba caminos y montañas,  hasta llegar a una hermosa laguna donde las gotas enamoradas por fin yacían  en  brazos de su amada laguna.

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