Leila observaba a las gotas de agua que caían suavemente sobre el cristal,
TAC…TAC… el sonido tintineaba en sus oídos en forma de vals. Las gotas parecían bailotear hasta fundirse las unas con las otras. Juntas corrían en busca de alguna ribera.
Las más cobardes resistían a duras penas sobre el cristal, resignadas para ser tragadas por el fango o a ser devoradas por por las alcantarillas.
Leila envidió a las gotas que corrían presta en busca de nuevos sueños. Su alma regada por gotas amargas se estremeció. Y, con el TAC, TAC…soñó que se unía a ellas, que bordeaba caminos y montañas, hasta llegar a una hermosa laguna donde las gotas enamoradas por fin yacían en brazos de su amada laguna.
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