Del jardín que antaño había sido un oasis de flores y aromas ya no quedada nada. Solo un silencio sepulcral que hacia tiempo se había adueñado de aquel hermoso lugar, y un viejo perro de piedra en medio del follaje. Éste, esperaba impaciente a que la negra
noche abriera las puertas de su
cautiverio. Bajo su piel abrupta su
corazón indómito latía con la fuerza perecedera
de la inmortalidad. Las estrellas
y la luna resplandecían expectantes. La noche olía a jazmines y madre selva ¡era la hora! Acariciado por las
sombras de la misteriosa noche, la
piel de granito del la
vieja gárgola se fue transformando en
una hermosa mata de pelo. Su
mirada inerte resplandeció ávida, como una esmeralda viva.. Todos sus miembros explosionaron
llenos de vida. Con la agilidad de un don sobrenatural, saltó como un
rayo para dar rienda suelta a sus sueños. Bajo la luz de la luna bailó y bailo… saltó y
salto… hasta que la aurora sutilmente, con
su gran cabellera le avisó de su presencia… entonces volvió a su hogar de siempre, para seguir siendo una gárgola que adornar aquel hermoso y
olvidado Jardín, hasta la llegada de otra nueva noche, que le diera vida...

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