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miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL BROCHE





                    
Juan apretaba el objeto punzante arropado por la negra noche. Había pensado que había  llegado la hora de pagar su deuda, su pecado y su egoísmo. El tacto del  afilado cómplice dentro del bolsillo, le produjo un escalofrío que avivó sus ganas de llegar cuanto antes.  Como era habitual, ella, estaría sola y ajena a todo lo que estaba a punto de suceder.  Introdujo la llave en la cerradura de puerta. Entró sigilosamente sin apenas hacer ruido. Frente al televisor como todas las noches dormitaba una mujer de pelo blanco y marchitada piel. Juan contuvo las lágrimas mientras sus manos temblorosas extraía el objeto de uno de sus bolsillos. Se acercó despacio hasta donde la anciana  descansaba. Le acaricio el pelo con cariño. Ésta, le sonrió con ternura.  Los ojos verduscos de la anciana, apagados por la soledad, se tornaron de un verde esmeralda llenos de vida. Frente a ella, su hijo le mostraba un broche tan brillante como una noche de luna.  Abrió los brazos y lo acurruco junto a su pecho, como cuando era un niño.       

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