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sábado, 10 de noviembre de 2012

AZUL




Elena, miraba hechizada la inmensa bóveda azul. Allí estaba el cielo soñado, añorado, con un azul intenso, infinito, inalcanzable, maravilloso y victorioso. Adornado de un sol que acariciaba su rostro sin dañarle  la piel.
Un cielo cargado de sueños, de poesía, de ilusión y esperanza. Se recostó emocionada sobre la mullida hierba a esperar la llegada del crepúsculo. Quería sentir la magia de la noche estrellada, de la sonrisa de la luna, y  tal vez, tendría  suerte de ver alguna estrella fugaz y pedirle un deseo.
¡El azul que tantas veces le describió su abuela!, Allí estaba, enamorado, transparente, cristalino y mágico. Una nube perlada se mecía en el horizonte y parecía guiñarle un ojo. La observó fascinada. Poco a poco la nube se perdió tras  una montaña que parecía esperarla para descansar junto a ella.   
La voz de su madre interrumpió su sueño. Se despertó feliz y  se preguntó: ¿Qué induciría al ser humano a destruir tan maravilloso regalo de la naturaleza?
Ahora, toda su generación estaba condenada a vivir bajo un cielo grisáceo, opaco, enfermizo, cubierto por una capa tóxica, por la irresponsabilidad de los hombres. Condenada a no sentir la magia del amor bajo la luz de la luna y las estrellas.   Un cielo, tapado por un crespón más negro  que la propia noche.

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