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sábado, 26 de enero de 2013

EL AFILADOR



Recordar al afilador es rememorar costumbres y ecos de mi niñez.
 Aún resuena en mi memoria el sonido peculiar del chiflo del amolador de antaño, cuando  sobre su vieja   bicicleta irrumpía por las calles del pueblo.
 Sus alpargatas adheridas a los pedales parecían bailar al son de la música que producía las tijeras y los cuchillos. Sus dientes afilados hacían honor a su laborioso trabajo. De la piedra saltaban  chispas que parecían briznas de oro que iban a morir  sobre su mandil  de cuero.   Cuentan  las viejas del lugar que unos cuervos negros  le seguían siempre, quizás atraídos por su melodía.  La superstición alimento  la leyenda del afilador de cuchillos, que rodeado siempre de cuervos, dejaba a su paso malos presagios.  Con el paso de los años la leyenda parece haber calado hondo. En muchos pueblos cuando lo escuchan se santiguan pensado que  junto a su melodía, también  trae de  la mano a la guadaña.  Su llegada aún sigue despertando la curiosidad de algunos  y el miedo de otros.   

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