La soledad y la amargura habían empujado a Ana a confeccionar un mundo tras la ventana de su lúgubre habitación. Ella, aún
seguía arropada en la túnica que había confeccionando con sus recuerdos. De vez en
cuando algunos amantes se paraban frente
a su ventana y le hacían vibrar de una
ilusión perdida. Últimamente las 24 horas del día se las pasaba haciendo
interminables monólogos sin pronunciar palabra alguna. Sólo a la hora de abrir
el buzón suspiraba esperanzada antes de pronunciar 4 palabras” quizás hoy tenga
carta” y otro día más la decepción, el frío y la soledad volvían junto ella
como un pájaro negro y solitario.

No hay comentarios:
Publicar un comentario