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martes, 8 de enero de 2013

EL BUSCADOR DE SONRISAS



Llegaba la Navidad y con ellas las múltiples compras.  Juan sentado en la acera intentaba absorber la poca luz que aún  quedaba del azul del cielo. El crepúsculo aullaba por hacerse presente. Otro día más los transeúntes pasaban cargados de regalos   sin fijar sus miradas en él, dejando sólo unas pocas monedas en la vieja lata oxidada sin mirar siquiera a quien pertenecía. Juan aferrado a sus ilusiones seguía creyendo que entre  tantos ángeles que revoloteaban  de un lado para otro alguno le dedicaría una tierna sonrisa. Pero no… la Navidad no parecía hacerle un hueco donde posar su desdicha. Resignado se preguntaba ¿Donde estaban  los dichosos ángeles divinos? ¿Se habían olvidado de él?
Juan  como un ángel malherido recogió la vieja lata. Con la noche como abrigo, y la soledad  como compañera, se encaminó hacia el callejón donde   su gran  mansión hecha de cajas de  cartón le esperaba como todos los días ¡tal vez mañana su ángel le sonreiría!




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