Entre sus muchas virtudes,
Chuang Tzu tenía la de ser diestro con el dibujo.
El rey le pidió que le dibujara
un cangrejo. Chuang Tazu respondió que necesitaba diez años y una casa con doce
servidores. El emperador aceptó con la
condición de que si no le dibujaba su cangrejo en el plazo convenido le
cortaría la cabeza.
Habían pasado los años y el Emperador
esperaba a Chuang Tzu ansioso de ver a su cangrejo. Al verlo aparecer
sin nada, éste montó en cólera. Frente a él, Chuang Tzu sonreía.
El emperador le dijo – ¿no valoras en nada tu vida? Chuang Tzu contestó sin dejar de sonreír:-“ Es lo más
preciado que tengo junto a mi imaginación, tu cangrejo, lo dibujé en el mismo
instante en que me lo encargó, si se lo hubiera dicho entonces, me hubiera
perdido diez años a cuerpo de rey”. El emperador
lo espetó colérico:-“ ¿cómo has osado desafiarme? Chuang Tzu contestó: - “quería comprobar hasta donde
estaba dispuesto a llegar para conseguir sus sueños”.
El emperador enfurecido cogió
la espada y atrabeso su corazón. Al mismo tiempo que se escapaba la vida de Chuang Tzu, un misterioso
pincel comenzó a dibujar al cangrejo más hermoso jamás visto- ¿intuyó Chuang su
final?, ¿ entregó su vida por retener un sueño?, o tal vez ¿ se había reencarnado en aquel
hermoso cangrejo?De un modo u otro, Chuanh siempre sería recordado por su
astucia y su sabiduría.

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