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jueves, 31 de marzo de 2016

¡¡ LA VIDA ES UNA CARRERA!!


Después de pasar días sin dormir e incluso algunos, de  ir más de una vez al servicio, por fin había llegado el día tan esperado y deseado. La llegada a la concentración fue un disparo a bocajarro de adrenalina para el cuerpo.  En medio de tanta algarabía, dejas que una sensación de irrealidad revoloteé a placer por tu cabeza y claro… te sientes como una hormiga.
21,5 de Naturaleza pura. 1059 de desnivel, se presentaban ante nosotros como un gigante dispuesto a ganarnos la batalla. Si además de eso, le añadimos que  algunas somos principiantas, el hándicap del miedillo se pegó a nuestra espalda como una sanguijuela, preparada para chuparnos el ánimo. Sin haber comenzado la carrera, el nerviosismo nos regalaba unos momentos  desleales y las mariposas comenzaron hacernos cosquillas  en el estómago.  Un  murmullo ensordecedor propio de acontecimiento, llegaba hasta nuestros oídos, preludiando la gran participación de grandes atletas. Hombres y mujeres dispuestos a desafiar al gran dragón de 1059 m. que estaba dispuesto a bramar su poder y escupirnos su ego por la boca.  Pero nosotros entusiastas de este deporte, le mirados a la cara y como gladiadores en la arena, peleamos por alcanzar un final que nos hiciera  sentir, dignos corredores, de correr o más bien andar por su hermoso esqueleto. Con  el sudor perlando las frente y los pies gritando, llegamos a la cumbre y una voz en tu interior grita ¡!! Biénnnn! Te relajas. Respiras a pleno pulmón.  Ellos te lo agradecen. Seguidamente, miras abajo y  el anterior grito de júbilo… se convierte en un suspiro, al ver que una bajada desnivelada y abrupta, te mira con ojos melosos e invitándote a cortejarla. Invades su intimidad, la seduces y descubres que puede ser amable contigo y saboreas el momento… casi a punto de desfallecer, pero dispuesta a seguir corriendo. Todo el trayecto es una intensa subida y bajada, donde las rodillas son las grandes sufridoras. Éstas,  resisten como jabatas y tú, le ofreces una parada como recompensa… a su heroico comportamiento. Que decir, que cuando te enfrías, algún que otro ligamento o músculo dolorido y fatigado se hacen presente, para  que los premies con un buen y reconfortante descanso.
Cada vez  que corres, intentas que tus zancadas sean un poco más largas y más sólidas. A pesar de todo, ningún corredor está exento de sufrir un contratiempo.  Correr es una escuela donde la superación y el esfuerzo son la única asignatura que debemos intentar aprobar. Ella… es la maestra del corredor. Junto a ella, estoy  segura que podemos alcanzar nuestros sueños  y metas o por lo menos acariciarlos con los dedos. Los limites solo estás en nuestra cabeza. Correr es un reto continuo, personal e ilimitado. Para mí correr, es disfrutar y poder acabar la carrera. Correr es como la vida., es superar los obstáculos y miserias que conlleva vivirla. 
 Correr, desarrolla nuestro afán de superación y realza los valores del deporte. Personalmente cuándo corro, nunca voy sola, en mis pensamientos siempre llevo conmigo a las personas que quiero y que sin duda son la palanca, que me impulsa a superar mis miedos y debilidades. Ellos son mis auténticas metas. La vida nos enseña a caernos y a levantarnos. Correr es lo mismo.
No hay límites. Los límites solo están en nuestra cabeza.





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