Mientras el mundo vomitaba su bilis, Leila, procuraba pintar sus
pensamientos del color de la Supervivencia.
Acurrucada entre cuerpos sudorosos y maltrechos y, que solo destilaba miserias; Intentaba ignorar a la paloma de la
insolidaridad, que sobrevolaba terca
sobre ella. La infernal travesía, se
manifestaba despiadada, al igual que un ángel exterminador. Tiritando y con
todo el cuerpo dolorido trató de buscar una prueba de un Dios solidario entre los hombres. No la
encontró. A cambio, un maléfico mar se manifestó a pleno pulmón, vomitando crueldad y demostrándole que Dios les había abandonado
por completo. Un viaje, sin esperanzas, sin destino y predestinado a los más
desfavorecidos de la tierra. Mientras la
vieja patera, era tragada por un mar inhumano, al igual que el de los hombres, Leila, siguió pensando que quizás
aún, podía encontrar la tierra prometida…pero solo quizás.

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