Todos bebieron del agua supuestamente cogida del lago milagroso.
Juan decía que él no creía en esas tonterías. Por no oír a su mujer, consintió que se la
echara por la cabeza. Por la mañana todos aparecieron radiantes. Juan presumiendo de pelo sonreía con picardía a su
mujer. Está se acercó y me dijo al oído ¿me das un poco de esa agua? -Es para
mi madre, la pobre esta comía de dolores. No respondí. Salí corriendo. Encima
de la mesita estaba la botella. Ansiosa y convencida apuré la poca agua de la botella… que había llenado el día antes del grifo...

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