Apareció insultante.
Respirando a pleno pulmón. Infectando el cielo de rayos y truenos. Un aguacero
maléfico descargó su ira y su paseo se convirtió en el mismísimo infierno. Corrió hasta la casa abandonada. Un rayo cayó fulminante haciendo
temblar la tierra. Empujó la puerta. Su chirrido sonó como un grito de auxilio.
En su interior, los fantasmas se regocijaban a placer. Parecía una reina
destrona. El olvido y la nada eran los dueños absolutos del lugar. Reconoció el olor del abandono, la soledad y del
vacío. Aquel mismo olor que desde hacía tanto tiempo, también
habitaba dentro de su interior.

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