Mientras caminaba sin
rumbo por el camino de siempre, el aroma insinuante del orégano y el tomillo, me llevó
al rincón de su recuerdo. Me detuve. Cerré los ojos. Al olerlo sentí la paz que desde hacía tiempo no
sentía.
Recordé el dulce aroma de sus abrazos. Abrazos que ahora,
dormitaban disecados en la mansión del olvido.
Dejé viajar a
mi imaginación a través del
tiempo y el espacio e inspiré las tardes
con aroma a sus besos de miel, a
sueños y a utopía.

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