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viernes, 12 de enero de 2018

¡ CUMPLIENDO SUEÑOS!




Decidida, cogí mi preciado pasado, lo até fuerte a mi presente y con la maleta apática  de ilusiones, salí en  busca  de sueños  que pendían embelesados del el cielo.  Formé un nudo con palabras de las de antes, me despojé de mis inseguridades y partí  con el sabor de los sueños en el paladar.   En el autobús  mantuve un pulso con los recuerdos, los cogí y los senté en el trono de mi presente. Éstos se mostraban tiernos y  reconciliadores. Generosos me invitaban a disfrutar de mi anhelado viaje.
Mientras los kilómetros eran devorados, yo me sumí en un duermevela donde la fantasía me ofreció su mejor cara; un peldaño de otro tiempo. Me senté  en el, y jugué con la utopía hasta  cansarla.  La realidad  llamó mi atención en forma de frenazo y la fantasía huyó a sus aposentos para seguir fabricando sueños.
Al llegar, mi asombro tomo posición al ver al gran  pájaro del cielo sobre el asfalto. Desafiante y poderoso presumía de su gran esqueleto metalizado y  de sus  grandes alas. La experiencia me abría sus puertas, y yo, entré a corazón abierto.
La noche se había apoderado del día y bailaba alborozada por mostrarnos todo su encanto desde lo alto.
Esta vez me senté en la mecedora de mi pasado y disfruté del presente a manos llenas. La noche se  había vestido de gala y pude observar desde el cielo, interminables  ríos dorados, que teñidos de plata, formaban una inmensa alfombra de luciérnagas que parpadeaban sin cesar.  Parecía que la gran bóveda se había invertido con  todas sus  estrellas, al igual que mis sueños.  
En la vuelta, el día tenía los ojos abiertos. Por el cielo las nubes corrían revoltosas como pompas de jabón. Miré emocionada por la ventanilla.  El gran pájaro metálico,  atravesó las nubes como una flecha, y yo… sentí que  mi corazón cruzaba el umbral del tiempo. Tiempo que se mantenía preso entre el cielo y la tierra. Solo fue un deseo. Pero un deseo dulce que me embriagó el alma, de olores y sabores de los de siempre. Allí, sentados entre las nubes estaban mis recuerdos. Sonriéndome pletóricos y enamorados. Invitándome a lazar al vacío,  algunas apatías y quejas, que pesaban en mi vida. Presioné con fuerza a la esperanza entre mis manos. Cerré los ojos para  retroceder en el tiempo y sentir un efímero y último abrazo. Más vieja en experiencias, y más niña en ilusiones, agradecí a Dios la oportunidad de balancearme en el columpio de mis sueños y de mis recuerdos. Suspiré.

 Un suspiro largo, lleno de añoranza y  también de gratitud, por lo que aún tenía en la vida; Mis hijos, mis nietos, mi familia y mis amigos.  La sonrisa me cortejó  con fuerza. Me dejé seducir. Y  de pronto…el cielo comenzó a desmenuzar  poesías como polvos de estrellas sobre mis recuerdos.

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