Los abrazos no son cromos que intercambiamos.
Un abrazo es la expresión del corazón, es el lenguaje del alma, es recibir al otro
sobre tu regazo, es transmitirle consuelo, alegría, sosiego, paz, fuerza…es
darle un refugio cálido y seguro…es darle un hogar en tu corazón y en tu
vida. Es mágico…es un achuchón transformado en verso.
Tanto quien lo da, como el que lo recibe, experimentan
una conexión tan placentera, que convierten ese abrazo en un momento asombroso.
Los abrazos tienen; sabor a ternura, a nubes de azúcar, a lágrimas
dulces…a alegría, a sueños y a confidencias. Es el mejor ungüento para
curar las heridas…es una explosión de armonía que nos llena de plenitud.
Un abrazo no es abrazar a un cuerpo. El abrazo sincero
hace bailar de gozo al alma, la
precipita hacia un torbellino de
emociones renovadoras, que derivan en una energía tan positiva, que por los poros de nuestra piel supuran
notas, que coordinadas, forman un vals
de alegría a la perfección. El abrazo
leal nos hace sentirnos únicos y queridos, nos hincha, nos eleva, nos
rejuvenece el ánimo y nos hace sentirnos más felices.
Abracemos si…pero desde ese niñ@ interior, en el cuál
no hay cabida para nada que no sea autentico y verdadero.

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