Tenía que tomar una decisión. ¿Pero? ¡Cómo hacerlo sin herir su
sensibilidad! Cuando llegaba era un
torbellino sin límites. Era ella y nadie más. Ver una película con ella era
insufrible. Lo peor era ver un partido de fútbol. Ella lo odiaba, a él... le apasionaba.
Mejor
una nota explicándoselo. Cogió un papel y… entonces escuchó la puerta. Sus palabras inundaron todo.
Palabras, muchas palabras. Ignoró su parloteó incansable. Se armó de valor y
gritó, ¡sabía que hablabas por los codos, pero nunca imaginé que fueras
descendiente de una cotorra!
Respiró.
Y saboreó el momento, mientras ella se quedaba con la boca abierta.

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