A
Mela, siempre le fascinó aquella cápsula que sentía dentro de su cabeza llena
de sueños y fantasías. Allí, encontraba su yo más aventurero y fantástico. Montada
sobre la grupa de su fantasía, había viajado a los lugares más extraños y
misteriosos que existían. Había caminado por caminos hechos de lunas y de
sueños.
Había
visto tocar la flauta a una rosa, y a un jazmín vestido de nácar cantar un vals de Beethoven . Había bailado con
duendes, hadas y mariposas. Se había
columpiado en los cálidos rayos del sol, mientras la brisa la balanceaba. Había
galopado a la grupa del viento Sur y había jugado con las nubes.
Ahora, desde hacía tiempo aquella maravillosa cápsula que le había llevado a los
lugares más recónditos, agonizaba por falta de sueños nuevos. Mela, necesitaba desesperadamente volver
aquellos mágicos aposentos, donde volvía a cobrar sentido su vida. Pensó que
talvez si volvía a entrar, no tendría las fuerzas suficiente para volver a salir,
pero también sabía que si no entraba, languidecería
sin remedio presa de los días mediocres,
preñados de rutina y hastío. Llamó...Entró…
Lloró… y fascinada en aquel maravilloso
cuarto lleno de fantasías y mundos por descubrir… decidió permanecer cautiva por siempre de sus propios sueños…
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