Cada mañana, al salir, Juan se
sentía como un rey. Un soberano que recorría las calles al encuentro de sus más leales súbditos. Unos
súbditos que con el tiempo se habían convertido en sus más fieles amigos. Era gratificante
verlos en las puertas de sus casas, esperándoles con la mejor de sus sonrisas. Todos parecían brindarle pleitesía. Todos alababan su trabajo, su constancia, aunque
siempre había alguna gruñona. Pero él,
sabía cómo complacerlos. Él, no
mezclaba sólo agua y harina ,él, también les ponía vida. Por eso se sentía un rey. Por trono el sillín
de su bicicleta. Su corona un cesto lleno de pan…….Y así… montado sobre su
propio reino, Juan recorre las calles del pueblo dando el pan de cada día a todos sus
habitantes……

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